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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

martes, 30 de noviembre de 2010

Páginas ajenas: CAMINOS, de Antonio Machado



(Fragmento)


Lejos, los montes duermen

envueltos en la niebla,

niebla de otoño, maternal; descansan

las rudas moles de su ser de piedra

en esta tibia tarde de noviembre,

tarde piadosa, cárdena y violeta.

El viento ha sacudido

los mustios olmos de la carretera.

Levantando en rosados torbellinos

el polvo de la tierra.

La luna está subiendo

amoratada, jadeante y llena.

Los caminitos blancos

se cruzan y se alejan,

buscando los dispersos caseríos

del valle y de la sierra.

Caminos de los campos...

¡Ay, ya no puedo caminar con ella!

lunes, 29 de noviembre de 2010

Una Serenata para Lupe (páginas 152 y 153)


Lupe había amado a Cooper con toda su energía, con esa temeridad que impregna los actos de la juventud. Se entregó a plenitud, con la imprudencia de los que creen en el amor como la única verdad de la vida, invocando la reciprocidad del ser amado y viviendo el desvarío de los amorosos, la quimera de que esa pasión podrá durar para siempre, aunque el significado subjetivo que adquiere la eternidad, la breve eternidad de los que aman, tenga su fecha de caducidad en un par de años, un verano a apenas unos cuantos días. Solamente estuve enamorada una vez en mi vida. Cuando tenía diecinueve años. De Gary. Fue algo maravilloso, algo bello. Y todos los días le doy gracias a Dios por haber sido tan bueno conmigo de concederme esos dos años. Después el tiempo, con su lógica implacable, se encargará de ubicar las pasiones en el lugar que les corresponde en cada historia individual. Se habrá cumplido el trayecto inevitable entre el sueño y el despertar, la magia y la realidad. Un día, muchas veces sin saber por qué, el fuego se extingue liberando al corazón de las llamas que lo consumían. Los amadores lamentarán su libertad recuperada, habrían preferido prolongar su servidumbre para siempre. Es cuando se asegura que con el ser amado también se va el aire que respiran, la luz que los iluminaba, el sentido mismo de su existencia. En lo más profundo de mi corazón, lo siento mucho por toda esa gente que se muere sin haber tenido un amor, sin la experiencia de esos años que yo viví. Lupe pertenecía, sin duda, a una especie de amantes en particular, ésos a quienes el poeta llamaba los amorosos. Los que viven por y para lo que suponen que es el amor. Aquellos que no tienen más propela en la vida que las pulsiones de la carne. No lloro porque ya no lo tengo. Sé que no puedo hacer nada para que regrese. Simplemente me siento feliz porque existió...


La ilustración corresponde a una fotografía de Lupe Vélez y Gary Cooper.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Páginas ajenas: VEN AL PARQUE ABANDONADO, de Stefan George


Ven al parque abandonado y mira
el brillo de orillas sonrientes a lo lejos,
el imprevisto azul de nubes de pureza
aclara los estanques y los senderos diversos.

Allí, el amarillo tiempo, el tenue pardo
de bayas y abedules, el viento está templado,
las rosas tardías aún no se agostaron,
elígelas y bésalas y la corona teje.

Tampoco olvides estos últimos amelos,
la púrpura de vid silvestre en los sarmientos,
y lo que sobró también de una existencia joven,
olvida lo ligero al rostro del otoño.


(Traducido del alemán por Rodolfo E. Modern)

jueves, 25 de noviembre de 2010

Páginas ajenas: EL COMPLOT MONGOL, de Rafael Bernal


(Fragmento del primer capítulo)

Pero no digo nada. Si los chinos quieren fumar opio, que lo fumen. Y si los muchachos quieren mariguana, no es cosa mía. Eso le dije al coronel cuando me mandó a Tijuana a buscar a unos cuates que pasaban mariguana a los Estados Unidos. Eran mexicanos unos y gringos los otros y dos de ellos se alcanzaron a morir. Pero hay otros que siguen pasando la mariguana y los gringos la siguen fumando, digan lo que digan sus leyes. Y los policías del otro lado presumen mucho del respeto a la ley y yo digo que la ley es una de esas cosas que están allí para los pendejos. Tal vez los gringos son pendejos. Porque con la ley no se va a ninguna parte. Allí está el Licenciado, gorreando las copas en la cantina y es aguzado para la ley. "Si caes, él te saca de cualquier lío". Pero yo no caigo. Una vez me caí, pero allí aprendí. Para andar matando gente hay que tener órdenes de matar. Y una vez me salí del huacal y maté sin órdenes. Tenía razón para matarla, pero no tenía órdenes. Y tuve que pedir las de arriba y comprometerme a muchas cosas para que me perdonaran. Pero aprendí. Eso fue en tiempos de mi general Obregón y yo tenía veinte años. Y ora tengo sesenta y tengo mis centavos, no muchos, pero los bastantes para los vicios. ¡Pinche experiencia! Y ¡pinches leyes! Y ahora todo se hace con la ley. De mucho licenciado para acá y licenciado para allá. Y yo ya no cuento. Quítese viejo pendejo. ¿En qué universidad estudió? ¿A qué promoción pertenece? No, para hacer esto se necesita tener título. Y se necesita estar bien parado con el grupo y andar de cobero. Sin todo eso la experiencia vale una pura y dos con sal. Nosotros estamos edificando México y los viejos para el hoyo. Usted para esto no sirve. Usted sólo sirve para hacer muertos, muertos pinches, de segunda. Y mientras, México progresa. Ya va muy adelante. Usted es de la pelea pasada. A balazos no se arregla nada. La Revolución se hizo a balazos. ¡Pinche Revolución! Nosotros somos el futuro de México y ustedes no son más que una rémora. Que lo guarden por allí, donde no se vea, hasta que lo volvamos a necesitar. Hasta que haya que hacer otro muerto, porque no sabe más que de eso. Porque nosotros somos los que estamos construyendo a México desde los bares y los coctel lounges, no en las cantinas, como ustedes los viejos. Aquí no se puede entrar con una cuarenta y cinco, ni con traje de gabardina y sombrero texano. Y mucho menos con zapatos de resorte. Eso está bien para los de la cantina, para los de la pelea pasada, para los que ganaron la Revolución y perdieron la pelea pasada. ¡Pinche Revolución!


La ilustración corresponde a una fotografía del barrio chino de la ciudad de México,
en la calle de Dolores, lugar en el que transcurre la acción de la novela El Complot Mongol.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

La nueva ortografía: ¿el precio de la globalización?


Desde el pasado 5 de noviembre en que me enteré, a través de una nota en el diario El País, que algunas reglas ortográficas habían sido modificadas por la Real Academia Española, tenía la intención de escribir algo al respecto. Un correo electrónico que recibí ayer, con una breve plegaria irónica de un viejo conocido, a quien no he visto desde hace muchos años, me obsequió el pretexto.

La primera novedad radica en que ya no existirá la llamada "y griega" y desde ahora, como en las matemáticas, se le llamará "ye". Esto lleva como consecuencia que la "i latina", se denominará en el futuro simplemente "i". De tal manera que el alfabeto que nos enseñaron en la escuela a los niños de mi generación -hace ya medio siglo-, es obsoleto: la "b" labial es solamente "be", mientras que la "v" labiodental, es "uve". Para la "w" no se dice "doble u", sino "doble uve". Se supone que todo esto mejora el aprendizaje y facilita su uso cotidiano. Tal vez así sea.

Las letras "ch" y "ll" -"doble ele"- ya no son letras del alfabeto, primero fueron degradadas a la condición de dígrafos, es decir, signos ortográficos de dos letras, hasta su supresión. Se seguirán utilizando y pronunciando igual, sólo que ya no aparecerán en los diccionarios como letras. Quienes los publican estarán preguntándose qué hacer con los ejemplares que todavía tienen en bodega y planearán recuperarse anunciando nuevas ediciones con las modificaciones ya incluidas. Para quienes radicamos en países que no son hispanoparlantes, es una comodidad la supresión de esas dos letras, exclusivas de la lengua española. En cambio, para aquellos que hablan de manera cotidiana nuestro idioma, no estaría tan seguro.

Cuando impartía la materia de redacción, en mi tierra natal, Tampico, hace ya un largo trecho, recuerdo que algunos de mis alumnos tenían que esforzarse mucho para aprender a usar correctamente el acento diacrítico. Buenas noticias para los perezosos, se ha suprimido. Antes se decía: "Sólo quiero estar solo", y ahora se escribe sin acento en ambos casos. Es decir, el uso adverbial y el adjetivo serán la misma cosa. Lo mismo sucederá con los demostrativos como "éste" y "este". Si se toma en cuenta que muchos tienen computadoras con programas que no incluyen el español, ya tendrán menos acentos de los cuales preocuparse (como si de veras alguna vez hubiese sido motivo de su inquietud). En términos generales, para quienes hablan como primera lengua otro idioma, el aprendizaje del español se les facilitará un poco más.

La letra "o", cuando va entre números para evitar confusiones con el signo numérico cero, tampoco se acentuará. Con eso sí estoy plenamente de acuerdo, siempre me pareció ridículo aquello del "5 ó 6".

Por último, aquellas palabras que se escribían con la letra "q" pero sin estar acompañadas por la "u" muda, como es requisito en el idioma español, habrán de sustituirse por la "k" o la "c". Ejemplos: "Iraq" será "Irak" (o, más bien, lo que quede de Irak una vez que las fuerzas pacificadoras concluyan su noble tarea después de haber arrasado Bagdad con todo y el ladrón de las Mil y una noches), tampoco será más "quórum", sino "cuórum" (aunque no incluye sanción alguna para los legisladores cuando no lo completen). Si se prefiere seguir escribiéndolo con grafía latina, entonces será sin acento y en cursivas, como si fuese un extranjerismo: quorum.

El mantenerse al día en aspectos ortográficos hará, sin duda, que por estas fechas los correctores de estilo sean más requeridos. Y es aquí donde quisiera referirme a Héctor Carreto. Lo conocí a través de un querido amigo, Alfonso López, cuando ambos trabajábamos en Cotsa (la desaparecida Compañía Operadora de Teatros), y entre otras tareas, programábamos una sala de cine que se llamaba Pecime, allá por la avenida Universidad en la ciudad de México. Una época divertida, sin duda. Más tarde ingresé a trabajar en la Dirección de Cinematografía, primero como asesor, y al poco tiempo me designaron al frente de la Cineteca Nacional, a finales de los años ochenta. Entonces tuve la oportunidad de rodearme de amigos muy valiosos gracias a quienes, sin duda, les debo el que mi gestión haya resultado positiva. En programación nos asesoraba el entrañable Seth Vázquez (supongo que es correcto seguir acentuando su apellido), y Alfonso nos recomendó a Héctor Carreto para la supervisión de las publicaciones. Lo recuerdo como alguien muy inteligente y siempre de buen humor. Como ya lo he señalado, ayer me llegó un correo de Paco, otro amigo, que reproduce un texto irreverente de él, a manera de oración (me parece que la palabra jaculatoria, ya en desuso, podría ser la adecuada):

"Señor:
Bendice a los redactores improvisados,
bendice también los dedos de las tipógrafas
que bailan sobre las teclas;
bendice, especialmente, a los escritores sin ortografía,
porque gracias a ellos existimos los correctores.

Señor, hiciste un mundo apresurado.
Ninguna obra maestra, debes saberlo,
se escribe en siete días.

Por si decides corregir tu creación
te dejo mi tarjeta."

Ya que he abordado el tema de los correctores de estilo, en un futuro quisiera ocuparme de nuevo de su labor y compartir con quienes tienen la paciencia de visitar este blog, mi lamentable experiencia en ese terreno, cuando apareció publicada la primera edición de mi novela Decir Adiós es morir un poco. Espero poder hacerlo esta misma semana.

Creo que la mayoría de las medidas comentadas, tienden a volver al español un idioma más sencillo para quienes intentan aprenderlo. No podemos olvidar que el nuestro es ya el mundo que pronosticaba Marshall McLuhan en La aldea global (War and Peace in the Gobal Village, 1968). Como quiera que sea, el caso es que me siento nostálgico por el español que aprendí en la escuela y que me ha permitido comunicarme a lo largo de mi existencia. Por eso, cuando mi querida amiga de la infancia Clara Martha, me envía sus mensajes escribiendo todavía "obscuro" y no ese prosaico oscuro que se acostumbra ahora, me siento incapaz de elaborar algún argumento congruente como sustento de que obscuridad, en sí misma, implica algo poético. La oscuridad, en cambio, espanta.

martes, 23 de noviembre de 2010

Páginas ajenas: ¡HERMOSO OTOÑO!, de George Eliot


¡Hermoso otoño!

Mi alma se entrega a él

y si fuera un pájaro

volaría alrededor del mundo

buscando todos los otoños.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Decir Adiós es morir un poco (páginas 187 y 188)


En el cuarto contiguo resuenan los gritos de tus captores. Es la carcajada del cinismo, de esos abortos de una sociedad que se ostenta igualitaria. Resentidos con su miseria como fenotipo compartido. Marginados sin futuro que se arriesgan, sin nada que perder, a vivir en el presente la aventura de lo que sea, llámense asaltabancos, asesinos a sueldo, traficantes de drogas o de seres humanos, violadores, secuestradores, aquello que sus circunstancias individuales hayan dispuesto como un oráculo perverso. Son los más fuertes, los que logran sobrevivir a su paso por las cloacas, primero como niños de la calle y más tarde como adolescentes de la calle, para convertirse en este remedo de adultos que fueron de la calle pero que por fin han adquirido su lugar en el mundo, una vida con sentido gregario a través de la banda. Ahora ya hay alguien, entre jefes y compinches, que los llama, que los necesita, que les asigna una misión, que lamentará su muerte, nunca prematura porque apostaron contra la ley de probabilidades. Tienen una identidad, la suya propia, aunque sólo sea a través de la seudonimia: El Tribilín, El Pichicuaz, El Tostón, El Cadáver, La Guanga y el inefable Chino. El camino al infierno, dijo el empresario, está empedrado por las malas compañías.

Y mientras tú, ustedes, caminan despreocupados por la acera de enfrente hasta que llega el momento de transformarse en víctimas de esta pesadilla de la sociedad: los hijos que no supo educar, las ovejas negras, los hermanos pobres, miembros de la familia de quienes todos se avergüenzan pero que no por ello dejan de ser parientes. Los escuchas reír y alburearse entre ellos mientras se embriagan. ¿Cómo les va a importar tu vida, si están tratando de borrar la suya?

sábado, 20 de noviembre de 2010

Páginas ajenas: MARÍA TEPACHE, de José Clemente Orozco


(Párrafos finales)

Sin embargo, la tragedia desgarraba todo a nuestro alrededor. Muchas tropas iban por las vías férreas al matadero. Los trenes eran volados. Se fusilaba en el atrio de la parroquia infelices peones zapatistas que caían prisioneros de los carrancistas. Se acostumbraba la gente a la matanza, al egoísmo más despiadado, al hartazgo de los sentidos, a la animalidad pura y sin tapujos. Las poblaciones pequeñas eran asaltadas y se cometía toda clase de excesos. Los trenes que venían de los campos de batalla vaciaban en la estación de Orizaba su cargamento de heridos y de tropas cansadas, agotadas, hechas pedazos, sudorosas, deshilachadas.

En lo político, otra guerra sin cuartel, otra lucha por el poder y la riqueza. Subdivisión al infinito de las facciones, deseos incontenibles de venganza. Intrigas subterráneas entre los amigos de hoy, enemigos mañana, dispuestos a exterminarse mutuamente llegada la hora.

Sainete, drama y barbarie. Bufones y enanos siguiendo a señores de horca y cuchilla en conferencia con sonrientes celestinas. Comandantes indolentes enardecidos por el alcohol, exigiéndolo todo pistola en mano.

Tiroteos en las calles obscuras, por la noche, seguidos de alaridos, de blasfemias y de insultos imperdonables. Quebrazón de vidrieras, golpes secos, ayes de dolor, más balazos.

Un desfile de camillas con heridos envueltos en trapos sanguinolentos y de pronto el repicar salvaje de campanas y tronar de balazos. Tambores y cornetas tocando una diana ahogada por el griterío de la multitud dando vivas a Obregón. ¡Muera Villa! ¡Viva Carranza! "La Cucaracha" coreada a balazos. Se celebraban escandalosamente los triunfos de Trinidad y de Celaya, mientras los desgraciados peones zapatistas caídos prisioneros, eran abatidos por el pelotón carrancista en el atrio de la parroquia.


La ilustración corresponde a Revolución, de José Clemente Orozco.

viernes, 19 de noviembre de 2010

La novela de la revolución mexicana


Existen definiciones académicas de lo que se pudiera considerar la denominada novela de la revolución mexicana, como la de Antonio Castro Leal que, en mi ciriterio, son taxativas. Rescato de ella el hecho de que "se ocupan de las acciones militares y populares", aunque no tanto del lapso en el que transcurren: "del 20 de noviembre de 1910 hasta el 21 de mayo de 1920, con la caída y muerte de Venustiano Carranza." Eso dejaría fuera por completo de la clasificación a obras como La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán o Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia, ya que en ambos casos se trata de militares surgidos de la revolución dedicados a una actividad política posterior, aunque no exenta de rebeliones y ejecuciones. Lo que Martín Luis Guzmán llamaba: "la revolución hecha gobierno". Carlos Monsiváis, en cambio, es bastante más enfático en cuanto a su esencia al señalar la visión pesimista que impregna lo mismo Los de abajo, de Mariano Azuela, que La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes.

No pretendo, en este breve texto, una enumeración acuciosa de las novelas que se incluyen dentro de este tema, mencionaré de manera arbitraria algunas que vienen a mi memoria, sin haberlas leído, pero de las que pude ver sus respectivas adaptaciones fílmicas, como sería el caso del relato El compadre Mendoza, de Mauricio Magdaleno, o Vámonos con Pancho Villa, de Rafael F. Muñoz, que resultaron ambas dos de las películas más significativas en la filmografía de Fernando de Fuentes. También sería posible elaborar una extensa lista de autores que incluiría a Francisco Urquizo, José Vasconcelos, José Rubén Romero, Gregorio López y Fuentes, o Nellie Campobello, entre otros. Sin pasar por alto la novela de Clifford Irving, escrita originalmente en inglés, Tom Mix y Pancho Villa.

Pero quisiera referirme, de manera muy breve, a tres novelas: El águila y la serpiente, de Martín Luis Guzmán; Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia; y Gringo viejo, de Carlos Fuentes.

Se encontraba Martín Luis Guzmán en su destierro en Madrid -tras haberse opuesto a la elección de Plutarco Elías Calles como presidente de la república, ya que decía que un "clan de asesinos" se había adueñado del poder-, escribiendo para El Debate, cuando inició en 1928 las entregas de Bajo la sombra de Pancho Villa (episodios de la revolución mexicana), a la manera de los folletines del siglo XIX, que al publicar ya en forma de libro quiso llamar A la hora de Pancho Villa, pero fue Vicente Blasco Ibáñez quien lo convenció de modificar el título por el de El águila y la serpiente, dividida en dos partes: Esperanzas revolucionarias y En la hora del triunfo, que reflejaban sobre todo sus propias vivencias en la lucha armada, al lado de Carranza y de Pancho Villa. La novela apareció al mismo tiempo que Obregón fue reelecto presidente, en 1928, y se dice que Calles la quiso prohibir. Por cierto, de acuerdo con Carlos Fuentes en La silla del águila: "Obregón, el vencedor de Pancho Villa, el brillante estratega político, asesinado en un banquete por un fanático religioso en el momento en que alargaba la mano pidiendo, - Más totopos..." (página 380).

Probablemente no existe otra novela sobre el tema que derroche tanto sentido del humor como lo hace Los relámpagos de agosto. Con una visión plena de ironía cuenta las memorias del ficticio general revolucionario José Guadalupe Arroyo. El origen de su título, por cierto, resulta muy simpático: contaba Ibargüengoitia, originario de Guanajuato, que en esa región del Bajío, los relámpagos siempre aparecen por el mismo punto cardinal, excepto durante el mes de agosto. De ahí que cuando alguien se desorienta dicen que "anda como los relámpagos de agosto, a lo pendejo". Y es que, según el autor, así es como andaban los revolucionarios, desorientados.

Gringo Viejo tiene el mérito de ser la primera novela mexicana en figurar en la lista de los diez libros más destacados del New York Times -para tener una idea, sólo otras dos novelas originalmente escritas en español han figurado en dicha lista en los últimos treinta años: La tía Julia y el escribidor, de Vargas Llosa, y El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez-. Se inspira en la experiencia real del escritor Ambrose Bierce, desaparecido a finales de 1913, después de unirse a las tropas villistas. En una de sus cartas postreras, Bierce decía que: "Ser un gringo en México, ¡ah!, eso es eutanasia".

Voy a concluir con unas palabras de Artemio Cruz -junto con Demetrio Macías-, uno de los personajes literarios más representativos de la revolución: "Y la guerra sin acabarse. Claro que éstas eran las últimas operaciones. Cruzó los brazos sobre el pecho y trató de respirar regularmente. Una vez que dominaran al ejército desbaratado de Pancho Villa, habría paz. Paz."


Jules Etienne
 
La ilustración corresponde a la fotografía Campesinos leyendo "El Machete" (1924),
de Tina Modotti.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Páginas ajenas: NARCISO Y GOLDMUNDO, de Hermann Hesse


(Fragmentos sobre el otoño)

En la época en que son más cortas las noches, hacía surgir de entre la fronda los pálidos rayos verdeclaros de sus extrañas flores, cuyo áspero olor evocaba recuerdos y oprimía. Y en octubre, recogida la uva y las otras frutas, caían de su copa amarillenta, al soplo del viento del otoño, los espinosos erizos, que no todos los años llegaban a la madurez, y que los rapaces del convento se disputaban y el subprior Gregorio, oriundo de Italia, asaba en la chimenea de su celda. Exótico y tierno, el hermoso árbol mecía ante la puerta del convento su copa, huésped delicado y friolento venido de otras regiones, pariente secreto de las esbeltas y mellizas columnas de arenisca de la entrada y de los adornos, labrados en piedra, de ventanas, cornisas y pilares, amado de los italianos y otra gente latina, y pasmo, por extranjero, de los naturales del país. (Del capítulo I).

Cierta vez, cuando ya llevaba uno o dos años de andar de camino, llegó Goldmundo a la mansión de un caballero acomodado que tenía dos hijas bellas y jóvenes. Era por los comienzos del otoño, las noches pronto serían frías, bien las había probado el otoño y el invierno anteriores; no sin inquietud pensaba en los meses que iban a venir porque en invierno era duro el peregrinar. Pidió de comer y albergue para la noche. Fue acogido con amabilidad; y como el caballero oyese decir que el forastero había hecho estudios y sabía griego, mandólo llamar de la mesa de los criados a la propia y lo trató casi como a un igual. Las dos hijas permanecían con los ojos bajos, la mayor tenía dieciocho años, la menor apenas dieciséis: Lidia y Julia. (Del capítulo VIII).

En aquel otoño perduró largamente el follaje de los altos fresnos del patio y en el jardín siguió habiendo ámelos y rosas por mucho tiempo. (Del capítulo VIII).

Todo retornaba y retornaba, lo que él creía ya conocer tan bien, todo retornaba y, no obstante, era cada vez otra cosa: el largo vagar por campos y prados o por los caminos empedrados, el dormir en el bosque estival, el andar despacioso por las aldeas tras de los grupos de mozas que volvían, enlazadas de las manos, de remover el heno o de recoger el lúpulo, el primer aguacero del otoño, las primeras, malignas heladas... todo retornaba, ua vez, dos veces, la clorida cinta corría inacabablemente ante sus ojos. (Del capítulo X).

Había transcurrido el verano. Muchos afirmaban que con el otoño, o al menos con la llegada del invierno, concluiría la epidemia. Fue aquel un otoño sin alegría. (Del capítulo XIV).

Aunque aquel venturoso idilio con Inés durara poco y condujera a la perdición, hoy por hoy florecía, y él no podía renunciar al menor de sus goces. No quería ver a nadie ni que le distrajeran; quería pasar al aire libre aquel plácido día de otoño, bajo los árboles y las nubes. A María le dijo que tenía el propósito de hacer una excursión por el campo y que retornaría tarde, que le diera un buen trozo de pan y que no se quedara esperándolo por la noche. Ella no respondió nada, le llenó el bolsillo de pan y manzanas, le cepilló el viejo sayo, cuyos rasgones había zurcido el primer día, y lo dejó partir. (Del capítulo XVI).

Debía despedirse de la bella Inés; nunca más vería su gallarda figura, su espléndida cabellera rubia, sus ojos fríos y azules, nunca más aquel debilitarse y vacilar del orgullo en sus ojos, nunca más el vello dorado de su piel perfumada. ¡Adiós, ojos azules, adiós boca húmeda y palpitante! Había abrigado la esperanza de besarla muchas veces más. Hoy mismo, allá en las colinas, al sol del otoño, ¡cuánto había pensado en ella, cómo se había sentido unido a ella, cómo la había anhelado! Pero también tenía que despedirse de las colinas, del sol, del cielo azul con sus nubes blancas, de los árboles y bosques, de los viajes, de las horas del día y de las estaciones del año. (Del capítulo XVI).


miércoles, 17 de noviembre de 2010

Herman Hesse: la vocación de escribir


 
"Desde que cumplí los trece años estaba claro para mí que quería ser poeta o nada", dice Hermann Hesse en su autobiografía. Sin embargo, el camino para lograrlo resultó más sinuoso de lo que había previsto y por eso, cuando al fin logró convertirse en un escritor publicado y respetado, dijo: "ahora me había convertido en un poeta y, al parecer, había ganado la larga y dura batalla contra el mundo". Así percibía Hesse lo que fue, al principio de su vida, la lucha para mantenerse fiel a su vocación.

Entre los obstáculos que tuvo que enfrentar se encontraba la rigurosa disciplina paterna, puesto que su entorno familiar era profundamente religioso, su padre era misionero pietista y su abuelo materno, Hermann Gundert -de donde proviene su nombre-, dirigía una editorial especializada en textos cristianos, por lo que fue enviado a estudiar al seminario evangélico de Maulbronn. Cuando Hesse adquirió conciencia de que su auténtica aspiración en la vida era escribir, terminó escapando del seminario ante las predecibles objeciones de su familia. La sensación de rechazo, exacerbada por una decepción amorosa, lo llevaron a su primer intento de suicidio, cuando aún era adolescente. Eso provoca que sea internado en una institución siquiátrica y, una vez que lo dan de alta, se traslada a estudiar a Suiza, nación de la que era originaria su madre.

Alejado de las presiones familiares, logra encontrar paulatinamente la serenidad necesaria para escribir y publica sus primeras obras: "Al cabo de un tiempo me di cuenta de que, en lo intelectual, una vida en el mero presente, en lo nuevo y más reciente era insoportable y carecía de sentido, que la relación existente con lo que había sucedido, con la historia, con lo antiguo y con lo ancestral era lo único que permitía una vida intelectual."

Permanece en Suiza, se casa con la fotógrafa María Bernoulli -nueve años mayor que él-, y los encuentra la guerra. Entonces comienza a trabajar como voluntario en un hospital, atendiendo a los heridos, lo que exalta su vocación pacifista y publica un artículo al respecto por el que en Alemania es considerado un traidor a la patria. Padece otro colapso que lo lleva a iniciar un tratamiento con J. B. Lang, discípulo de Carl Gustav Jung, y tras 72 consultas de tres horas, es decir, más de doscientas horas de terapia, establece contacto con el propio Jung en un hotel de Berna, con quien inicia una amistad que perdurará a lo largo de los años. Dicha experiencia sicoanálitica se refleja en su novela Demian, escrita en 1917 y publicada dos años después bajo el seudónimo de Emil Sinclair, su propio protagonista. "Cuando por fin acabó la guerra también para mí, en la primavera de 1919, me retiré a un apartado rincón de Suiza y me convertí en un ermitaño."

Se instala en la pequeña aldea alpina de Montagnola, con vista al lago de Lugano, adquiere la nacionalidad suiza y se casa, primero con Ruth Wenger, y más tarde, en 1931, con la historiadora del arte Ninon Ausländer, su tercera y última esposa, con quien permanecerá hasta su muerte, en 1962. Este poema se llama Para Ninón:

Que conmigo decidas quedarte
siendo ya mi vida oscura,
mientras bailan las estrellas
y todo es brillante,
conociendo el centro
de la rueda de la vida
a ti y a tu amor por mí
en mi ángel te transforma.
En mi oscuridad sospechas
la existencia de una estrella oculta,
con tu amor me recuerdas
la dulce esencia de la vida.

Al caminar frente a su casa, uno podía toparse con el siguiente letrero que traducía al alemán del chino antiguo, las palabras de Mench-Hsi:

Cuando uno ha llegado a viejo
y ha cumplido su misión,
tiene derecho a enfrentarse apaciblemente
con la idea de la muerte.

No necesita de los hombres.
Los conoce y sabe bastante de ellos.
Lo que necesita es paz.

No está bien visitar a este hombre, hablarle,
hacerle sufrir con banalidades.
Es menester pasar de largo
delante de la puerta de su casa,
como si nadie viviera en ella.

Hesse no encontraba -según sus propias palabras-, "ninguna posibilidad de reconcilación entre el mundo tal y como es, o como parece ser, y la voz del propio corazón".

En los próximos días me seguiré ocupando de Hermann Hesse y su obra, un gurú para los adolescentes de mi generación, a finales de la década de los sesenta y principios de los setenta.

 
Jules Etienne
 
La ilustración corresponde a una fotografía del museo Hermann Hesse,
en la Torre Camuzzi, en Montagnola, Suiza.

martes, 16 de noviembre de 2010

Páginas ajenas: DEMIAN, de Hermann Hesse


(Fragmento)

Hasta la suave lluvia de otoño era bella, silenciosa y festiva, llena de música serena y alegre. Por primera vez en mi vida el mundo exterior coincidía perfectamente con mi mundo interior. Cuando esto sucede es fiesta para el alma y merece la pena vivir. Ninguna casa, ningún escaparate, ningún rostro en la calle me molestaba; todo era como tenía que ser, pero sin el aspecto vacío de lo cotidiano y acostumbrado: era naturaleza expectante, preparada respetuosamente a recibir al destino.


(Traducido del alemán por Genoveva Dieterich)


La ilustración corresponde a la fotografía Otoño (Fall), de Eren Ozkapici, en Pixdaus.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Un hereje en el Paraíso


Hace unos días, cuando me referí a Cumpleaños, de Carlos Fuentes, mencioné a Siger de Brabante, ese personaje del siglo XIII, profesor de teología en la universidad de París, que proclamaba la eternidad del mundo y la negación de la inmortalidad del alma, por lo que su polémica al respecto con Santo Tomás de Aquino le provocó una confrontación con la iglesia católica que lo llevó a ser condenado como hereje en 1277.

Sin embargo, he encontrado para mi sorpresa, que Dante lo ubica en La Divina Comedia, en la esfera celestial del sol, la morada de los teólogos en el Paraíso, junto a Santo Tomás de Aquino, San Agustín, San Alberto Magno y Pedro Lombardo, entre otros, con lo que no sólo exime de las penas infernales a un hereje, patriarca del averroísmo y muerto en la excomunión, sino que lo encumbra junto a los santos teólogos. Y en el colmo del sarcasmo pone en boca de Santo Tomás, su adversario irreconciliable en el problema de las dos verdades y en el de la unidad del intelecto, un elogio que supondría la rehabilitación de su memoria, cuando dice que Sigiero -su nombre latinizado-, enseñaba sus verdades entre envidias, al final del Canto X, en El paraíso:

El que tengo a la diestra por vecino,
mi hermano fue y maestro; y este, Alberto,
grande en Colonia: yo, Tomás de Aquino.

Si de los otros quieres estar cierto,
que mi palabra siga tu mirada
girando por el cerco de concierto.

Procede entonces, Santo Tomás, a describir a Graziano, a Pedro Lombardo, a San Agustín y otros beatos, hasta que llega el turno de Brabante:

De ése por quien ya tu pregunta aguardo
de un espíritu son las claridades
que con grave pensar morir vio tarde:

de Sigiero es la luz, en las edades
que en la calle de Fuarre, como es fama,
dijo silogismos y entre envidias, sus verdades.

Es difícil comprender lo que motivó a Dante a reivindicar el nombre de Brabante al incluirlo en El paraíso, corriendo el riesgo de ser también condenado por la implacable inquisición.


Jules Etienne

(La traducción al español de La Divina Comedia, es de Bartolomé Mitre).

La ilustración corresponde a un fresco en el Casino Massimo de Roma,
de Philipp Veit (realizado entre 1817 y 1827), en el que aparecen Dante
y Beatriz, con Tomás de Aquino, Alberto Magno, Pedro Lombardo y
Siger de Brabante.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Páginas ajenas: EL JOVEN ARQUÍMEDES, de Aldous Huxley


(Fragmento)

Había días de otoño en que todos los valles estaban llenos de neblina y las crestas de los Apeninos emergían, oscuras, de un liso largo blanco. Había días en que esa niebla invadía nuestras alturas y en que estábamos envueltos en un blando vapor en donde los olivos color de bruma, que bajaban, ante nuestras ventanas, hacia el valle, desaparecían, fundidos, se diría, en su propia esencia; y las dos únicas cosas firmes y definidas del pequeño mundo vago en que estábamos confinados eran los dos altos cipreses negros que se elevaban sobre una pequeña terraza en saliente a unos cien pies cuesta abajo. Se levantaban negros, agudos y sólidos, gemelas columnas de Hércules en el confín del mundo conocido; y más allá sólo había nubes pálidas y alrededor nebulosos olivares.

(Traducido del inglés por Leonor de Acetedo).

La ilustración corresponde a la fotografía Cypress in Fog (Ciprés en la niebla),

viernes, 12 de noviembre de 2010

ENTELEQUIA (del poemario Mitología del Olvido)


Llevamos la verdad en los huesos

no es posible deshacerse de ella,

la podemos convertir en eufemismo

soslayar su existencia, o tratar de evitarla,

esfuerzo vano porque seguirá allí

adherida a las entrañas

del mundo y su incertidumbre,

como el magneto de la brújula

en un alrededor de niebla,

primera premisa del albedrío

certeza de la condición humana.


La ilustración corresponde a la fotografía Smokey Mountain Fog, de Marylee

jueves, 11 de noviembre de 2010

Carlos Fuentes: otro Cumpleaños


Mi idea inicial sobre este texto era aprovechar la coincidencia de la fecha para ocuparme de Cumpleaños, una de las obras de la etapa inicial de Carlos Fuentes, publicada en 1970, la cual suponía haber apreciado en una primera lectura -durante mi ya remota época estudiantil-, y a la que, cuando tuve la oportunidad de leer de nuevo muchos años después, con otra perspectiva literaria, asumí que no la había comprendido cabalmente en aquel lejano primer intento.

Sin embargo, se me ocurrió establecer algún nexo con otro Cumpleaños, la breve novela (todas sus narraciones lo son) del argentino César Aira, escrita treinta años después. Sobre todo, aprovechando que Carlos Fuentes en la Silla del Águila había pronosticado: "César Aira es el primer argentino que recibe el Premio Nobel de Literatura" (página 149), lo que, para resultar acertado, debiera suceder antes del año 2020. Finalmente, me pareció más oportuno dedicar el espacio a otra obra suya, El Congreso de Literatura, más adelante la razón para ello quedará, espero, plenamente justificada.

Pero regresando al Cumpleaños de Fuentes: Su espléndido relato aprovecha recursos oníricos y desvaríos para plantear una preocupación sobre la perpetuidad de la conciencia tras la muerte del cuerpo. Sus constantes puntos suspensivos son el equivalente de aquellos hoyos negros del universo por los que viajaban los Bandidos del Tiempo, de Terry Gilliam. "El mundo es eterno, la verdad es múltiple, el alma no es inmortal", advierte Siger de Brabante, teólogo magistral de la Universidad de París, personaje real cuyas reencarnaciones son el eje sobre el que gira el relato y de cuya identidad sólo nos enteraremos hasta el párrafo final. "Dios dejó incompleta su creación. Ésa es su imperfección. La verdadera creación debió ser absoluta, fatal, sin fisuras, sin posibilidades ulteriores; un verdadero Dios no pudo entregarla al capricho de los hombres débiles y concupiscentes." Por eso era de suponerse que el implacable obispo de París, Etienne Tempier lo hubiese "combatido con una saña tanto más feroz cuanto que era disfrazada por las fórmulas de la beatitud, por Tomás de Aquino", instigados ambos ante el desafío teologal planteado por Brabante.

"Los mundos son múltiples porque la eternidad es sólo las formas de la mutación: las verdades son eternas porque su multiplicidad asegura que serán, así sea parcialmente, transmitidas", entonces me pregunto: ¿Será esto la Anamnesis de la que hablaba Platón? ¿la inmortalidad de las ideas?

Alberto Vital, en su ensayo que analiza esta obra de Fuentes en particular, asegura: "Tal conciencia es a la vez una y múltiple: es la de Brabante y es la de sus sucesivas reencarnaciones, y éstas se alcanzan como fruto de un corolario lógico, de un esfuerzo intelectual de tal magnitud que es capaz de vencer las inflexibles condiciones de la carne y del tiempo. Desde la óptica de un amplio horizonte de pensamiento y de expectativas que se remonta hasta el siglo XVIII, se comprende este empeño de Fuentes a través de sus personajes como la consecuencia de la renuncia o del rechazo racionalista a la tesis cristiana de la resurrección y a la idea budista de la reencarnación, de modo que, ante los horrores de la vejez y de la muerte, de la desaparición absoluta en la nada y el olvido, un intelecto privilegiado y escéptico se atiene a la fe en su propio poder lógico y argumentativo para cruzar las fronteras de la condición humana."

En cuanto al motivo por el que mencioné El Congreso de Literatura, de César Aira, es porque su protagonista, al que se refiere como un Sabio Loco, llega a la conclusión de "que otra idea es siempre más eficaz que una idea, sólo por ser otra. A una idea no la enriquece ni la expansión ni la multiplicación (los clones) sino el pasaje a otro cerebro." Pareciera otra vez una referencia a la ya mencionada Anamnesis platónica. "¿Qué hacer entonces? La solución obvia era clonar a un hombre superior... Pero no era tan fácil elegirlo." Más adelante, prosigue: "Al fin se decidió por lo más fácil y efectivo: por una Celebridad. Por un genio reconocido y aclamado. ¡Clonar a un genio! Era el paso decisivo."

Procedió entonces a resolverlo. "Lo eligió cuidadosamente, o mejor dicho no necesitó elegirlo porque el azar le había puesto en la mira, y al alcance de la mano, al genio más indiscutido e intachable que pudiera querer: su nivel de respetabilidad rozaba el máximo." El protagonista ha sido invitado a un congreso en Mérida al que también acudiría dicha celebridad: "La identificación del Genio puede resultar más problemática, pero no vale la pena perderse en conjeturas: es Carlos Fuentes." Después de las peripecias sobre una equívoca célula recolectada de su corbata de seda italiana y no de su cuerpo, el personaje asegura: "Siempre he sentido simpatía por Carlos Fuentes; no en vano lo había elegido para mi experimento."

Culminaré con las palabras de Enrique Jaramillo Levi: "Aquel universo concentrado en El Aleph que vislumbró Borges en su famoso relato, encuentra su encarnación y desarrollo en este Cumpleaños enigmático de Fuentes que nunca acaba de celebrarse."


Es posible leer Cumpleaños de César Aira en www.wordswithoutborders.org

Los temas de la verdad eterna y la anamnesis platónica
me motivaron a escribir los poemas Entelequia y Anamnesis:
La ilustración
corresponde a la portada de la primera edición de Cumpleaños,
de Carlos Fuentes, que publicara la editorial Joaquín Mortiz
en su legendaria serie del volador.



miércoles, 10 de noviembre de 2010

Variaciones sobre un mismo tema



Ayer martes, muy temprano, incluí en mi blog El Mono Epigramático, un texto titulado Cratilo, que dice:

Sordo es el que no oye
ciego quien no puede ver
amnesia la ausencia de memoria
¿cómo se les llama a los que no aman?

De inmediato un amigo me expresó su inconformidad por lo que considera un plagio a Jaime Sabines. Ante todo, quiero agradecer su atención a la lectura de mi epigrama, y procedo a responder. El poema al que se refiere, A Medianoche, lleva ya varias semanas considerado como la entrada más popular aquí, en Mitos y Reincidencias, y este es el fragmento que provocó su inquietud:

"Cada día, hijo mío, que se va para siempre, me deja preguntándome: si es huérfano el que pierde un padre, si es viudo el que ha perdido a la esposa, ¿cómo se llama el que pierde a un hijo? ¿cómo, el que pierde el tiempo? Y si yo mismo soy el tiempo, ¿cómo he de llamarme si me pierdo a mí mismo?"

Podría aducir lo que en términos literarios es válido, sin que se considere plagio, como una paráfrasis. Pero me parece que mi modesto epigrama, dada su naturaleza, ni siquiera alcanzaría esa condición por su propia brevedad. Además de que la pregunta que planteo es otra, según yo, muy diferente. Debo confesar, sin embargo, que la idea ni siquiera me vino de la lectura del poema de Sabines, sino del epígrafe de Carlos Fuentes para su cuento El Robot Sacramentado, que recién acabo de reseñar: "¿Qué es primero? ¿El nombre, o la cosa?", del diálogo Cratilo, de Platón. La curiosidad me llevó a tratar de leerlo y en un sitio encontré un facsímil del original, y fue leyendo este diálogo entre Cratilo y Hermógenes, ante la presencia de Sócrates, que me surgió la idea. Coincido con la inquietud de Sabines: ¿cómo se llama al que pierde a un hijo?, pero no creo que la mía sea menos legítima. A propósito de Fuentes -quien, por cierto, mañana cumplirá 82 años-, ante este tema de los plagios, alguna vez respondió: "No hay libro que no descienda de otro libro".

Y ya que he mencionado la validez de una paráfrasis, tal vez la más famosa sea la que Pablo Neruda hizo de Rabindranath Tagore. La historia es más o menos la siguiente: Él tenía una amiga que era gran admiradora de Tagore y entonces, con la intención de agradarle, reescribió el poema para ella. Esto no tiene nada de extraño, se acostumbraba mucho en la antigüedad y ya en otra ocasión me referiré al asunto. El caso es que Neruda se basó en la traducción de Tagore que hiciera en 1917, Zenobia Camprubí -esposa de Juan Ramón Jiménez, más tarde también premio Nobel-, y logró su cometido de provocar la admiración de la joven. Si la poesía no sirve para eso, me pregunto, ¿entonces para qué otra cosa puede ser útil?

Incluyó dicho texto entre los 20 Poemas de amor y una canción desesperada, que entregó a sus editores en 1924. Contaba el propio Neruda que cuando el volumen ya se encontraba en el proceso de impresión, recordó que no había hecho la advertencia de que se trataba de una paráfrasis. Al intentar añadir la correspondiente nota aclaratoria, un amigo suyo, el también poeta Joaquín Cifuentes, se lo impidió con el argumento de que los libros de poesía se venden muy poco y una acusación de plagio podría ayudarle a ganar popularidad. Sin embargo, una discípula de Vicente Huidobro -quien siempre mantuvo una gran rivalidad con Neruda-, descubrió las similitudes y se publicó un artículo al respecto, en enero de 1935, en la revista Vital, que dirigía el propio Huidobro.

Este es el poema original de Tagore, que se incluye en su obra El Jardinero:

Tú eres la nube del crepúsculo que flota en el cielo de mis sueños.
Te dibujo según los anhelos de mi amor.
Eres mía y habitas en mis sueños infinitos.
Tus pies se colorean con el fulgor de mi deseo,
espigadora de mis cantos vespertinos.
Tus labios tienen la amargura y la dulzura de mi vino de dolor.
Eres mía y habitas en mis sueños infinitos.
La sombra de mi pasión ha obscurecido tus ojos.
Eres la alucinación de mi mirada.
Te he prendido y envuelto en la red de mis cantos, amor mío.
Eres mía y habitas en mis sueños infinitos.

Y ahora, el Poema 16, de Neruda:

En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces,
y viven en tu vida mis infinitos sueños.

La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios
¡Oh, segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!

Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.

En la red de mi música estas presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.

Gabriel García Márquez también fue acusado de plagiar La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata, cuando publicó Memoria de mis putas tristes, pero él jamás ha negado la influencia del escritor japonés en esa obra suya. Y concluiré con las mismas palabras con que lo hice el pasado 27 de septiembre en mi entrada ¿Coincidencia o plagio?: "El tema, sin duda, da para más. De manera que pienso retormarlo en un futuro".


Cratilo, el diálogo de Platón, puede encontrarse traducido al español en
un facsímil del original en formato pdf, en http://www.filosofia.org/

Cratilo, mi epigrama, se encuentra en http://elmonoepigramatico.blogspot.com

La traducción del poema de Rabindranath Tagore es la que aparece en
Obra Completa, de editorial Porrúa, 1976.

La ilustración es otra fotografía de la serie Cacao, de Gaap Studio,
misma de la que proviene la que usé para el epigrama: http://www.gaapstudio.pl/

martes, 9 de noviembre de 2010

Páginas ajenas: OTOÑO, de Guilherme de Almeida


El aire es ágil y pasa con una elegancia fina

entre las hojas del naranjo ahora.

Abre sobre el pomar fragante tu cortina:

mira cuán verde luz la trepadora

envía y que firmeza

muestra sobre las ramas el follaje.

Y es otoño, no obstante.

Tiende tus labios hacia este aire puro:

sentirás en tu boca un beso tenue

cual si una abeja, el aire y tus dos labios fuesen

dos gajos de un fruto maduro.



(Traducido del portugués por Ángel Crespo)

lunes, 8 de noviembre de 2010

Una Serenata para Lupe (página 234)


El viento arrastraba el otoño sobre el pavimento húmedo de las calles de Londres. La ausencia de sol se reflejaba en los rostros pálidos de los ingleses. Para el carácter fogoso y extrovertido de Lupe, el que repitieran un proverbio sobre el sexo que consigna: "El placer es breve, el costo altísimo y la posición ridícula", los convertía en una raza aparte. Sin embargo, no le resultó tan difícil sobrevivir al contraste porque a lo largo de su estadía siempre tuvo claro que sólo respresentaba una etapa de supervivencia y que finalmente regresaría a Hollywood, a su mansión con dieciséis habitaciones, setentaicinco canarios, tres perros, un perico y un marido, a la proximidad con México y su familia.


La ilustración corresponde a una imagen de Londres en los años 30,
del célebre fotógrafo británico de origen alemán, O. E. (Otto Emil) Hoppé.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Epigrama: SOBRENATURAL


Más allá de los espantos:

el retorno a un lugar inexistente

cadáveres que recobran la vida

pesadillas que trastocan la realidad.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Páginas ajenas: PLÁCIDAMENTE BORRACHOS..., de Malcolm Lowry


Las nociones de libertad están atadas al trago.

Nuestro ideal de vida contiene una taberna

Donde un hombre puede sentarse y hablar o sólo pensar,

Sin miedo al dragón nocturno;

O bien otra taberna donde no haya

Letreros de no se fía ni de no hay crédito

Y aparte de las cervezas ilimitadas

Nos sentemos plácidamente borrachos y locos a editar

Panfletos sobre un país realmente mejor donde el hombre

Pueda beber el más fino de los vinos, ah, no destilado

Que intoxique sutilmente sin dolor,

Urdiendo la visión de una taberna inverosímil

Donde se pueda beber para siempre

Con la puerta abierta, y soplando el viento.

(Traducido del inglés por J. Etienne)
La ilustración corresponde a Escenas de una Taberna (1658), de David Teniers II