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Vancouver, luz de agosto en English Bay.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Rebelión frente a la muerte: LA VIDA EN REVERSA


El tema correspondiente a los difuntos y la muerte con motivo de la celebración del día de muertos, culmina con esta breve revisión literaria sobre los personajes que viven a la inversa: nacen ancianos para ir rejuveneciendo conforme avanza la narración.

Ya en Alicia en el país de las maravillas, su novela más popular, Lewis Carroll puso de manifiesto una extraordinaria capacidad para elaborar juegos en los que converge la ciencia con la fantasía y las leyes de la física conocen el surrealismo. Más tarde apareció Silvia y Bruno dividida en dos volúmenes, el primero en 1889 y el segundo en 1893. Sería la última obra publicada por Charles Lutwidge Dogson -nombre verdadero de Carroll-, quien falleció unos cuantos años después. En su capítulo 23, titulado El reloj tierrafuerino (Outlandish Watch), describe una máquina del tiempo en miniatura -lo que contrasta con el tamaño de la imaginada por H. G. Wells-, que poseía la capacidad de revertir el tiempo.
 
Cuando Scott Fitzgerald publicó en 1922 su relato El curioso caso de Benjamin Button en la revista Collier's correspondiente al 27 de mayo, declaró que lo había inspirado "un comentario de Mark Twain: es una pena que el mejor tramo de nuestra vida se encuentre al principio y el peor al final. He intentado demostrar su tesis, haciendo un experimento con un hombre inserto en un ambiente absolutamente normal. Semanas después de terminar el relato, descubrí un argumento casi idéntico en los cuadernos de Samuel Butler”.

He dedicado un buen rato a hurgar entre los textos de Butler* procurando ubicar el que cita Fitzgerald, y ninguno me parece que merezca calificarse como "casi idéntico". Aunque en la descripción sobre uno de sus caracteres, El borracho (The Sot), menciona que éste ha encontrado la manera de renovar no sólo su juventud sino también su infancia, a través del licor, ya que se vuelve niño por segunda vez, tan fresco, simple y débil, como lo fuera al principio. Tal vez esa sea la referencia a la que alude Fitzgerald. Mencionó a Twain y Butler por tratarse, al igual que él, de autores en lengua inglesa, en cambio soslayó el relato de su contemporáneo Alexander Roda Roda, un humorista satírico austríaco de origen húngaro, quien también abordó el tema en uno de sus relatos incluidos en el volumen Los siete temperamentos (The Seven Tempers).

Al principio de El curioso caso de Benjamin Button se nos advierte: "Así que el señor y la señora Button se adelantaron cincuenta años a la moda cuando decidieron, un día de verano de 1860, que su primer hijo nacería en un hospital. Nunca sabremos si este anacronismo tuvo alguna influencia en la asombrosa historia que estoy a punto de referirles." Después vendrá la sorpresa: "Los ojos del señor Button siguieron la dirección que señalaba el dedo de la enfermera, y esto es lo que vieron: envuelto en una voluminosa manta blanca, casi saliéndose de la cuna, estaba sentado un anciano que aparentaba unos setenta años."

La paradoja que se presentará con el tiempo, resulta inevitable: "En 1920 nació el primer hijo de Roscoe Button. Durante las fiestas de rigor, a nadie se le ocurrió mencionar que el chiquillo mugriento que aparentaba unos diez años de edad y jugueteaba por la casa con soldaditos de plomo y un circo en miniatura era el mismísimo abuelo del recién nacido. A nadie molestaba aquel chiquillo de cara fresca y alegre en la que a veces se adivinaba una sombra de tristeza, pero para Roscoe Button su presencia era una fuente de preocupaciones. En el idioma de su generación, Roscoe no consideraba que el asunto reportara la menor utilidad."

Finalmente, transformado por primera vez en un bebé, la nada que precede a la vida, aguarda: "Todo se había desvanecido como un sueño inconsistente, pura imaginación, como si nunca hubiera existido. No se acordaba de nada. No recordaba con claridad si la leche de su última comida estaba templada o fría; ni el paso de los días... Sólo existían su cuna y la presencia familiar de Nana. Y, aparte de eso, no se acordaba de nada. Cuando tenía hambre lloraba, eso era todo. Durante las tardes y las noches respiraba, y lo envolvían suaves murmullos y susurros que apenas oía, y olores casi indistinguibles, y luz y oscuridad. Luego fue todo oscuridad, y su blanca cuna y los rostros confusos que se movían por encima de él, y el tibio y dulce aroma de la leche, acabaron de desvanecerse."

Mario Vargas Llosa, en la recopilación de ensayos literarios La verdad de las mentiras, se refiere a la perspectiva cronológica del narrador para describir el tiempo inventado: "El tiempo novelesco es un artificio fabricado para conseguir ciertos efectos psicológicos. En él el pasado puede ser posterior al presente -el efecto preceder a la causa- como en ese relato de Alejo Carpentier, Viaje a la semilla, que comienza con la muerte de un anciano y continúa hasta su gestación, en el claustro materno".

Viaje a la semilla fue publicado en 1944. La agonía de su protagonista es descrita como un acontecimiento que se invierte: "Don Marcial, el Marqués de Capellanías, yacía en su lecho de muerte, el pecho acorazado de medallas, escoltado por cuatro cirios con largas barbas de cera derretida." Y en ese mismo tono prosigue: "Los cirios crecieron lentamente, perdiendo sudores. Cuando recobraron su tamaño, los apagó la monja apartando una lumbre. Las mechas blanquearon, arrojando el pabilo. La casa se vació de visitantes y los carruajes partieron en la noche. Don Marcial pulsó un teclado invisible y abrió los ojos."

Para entonces dar paso a una reflexión anticlerical: "Confusas y revueltas, las vigas del techo se iban colocando en su lugar. Los pomos de medicina, las borlas de damasco, el escapulario de la cabecera, los daguerrotipos, las palmas de la reja, salieron de sus nieblas. Cuando el médico movió la cabeza con desconsuelo profesional, el enfermo se sintió mejor. Durmió algunas horas y despertó bajo la mirada negra y cejuda del Padre Anastasio. De franca, detallada, poblada de pecados, la confesión se hizo reticente, penosa, llena de escondrijos. ¿Y qué derecho tenía, en el fondo, aquel carmelita, a entrometerse en su vida? Don Marcial se encontró, de pronto, tirado en medio del aposento. Aligerado de un peso en las sienes, se levantó con sorprendente celeridad."

De manera inexorable, el marqués, al igual que le había sucedido a Benjamin Button en el cuento de Fitzgerald, acabará por enfrentar su propio origen:

"Hambre, sed, calor, dolor, frío. Apenas Marcial redujo su percepción a la de estas realidades esenciales, renunció a la luz que ya le era accesoria. Ignoraba su nombre. Retirado el bautismo, con su sal desagradable, no quiso ya el olfato, ni el oído, ni siquiera la vista. Sus manos rozaban formas placenteras. Era un ser totalmente sensible y táctil. El universo le entraba por todos los poros. Entonces cerró los ojos que sólo divisaban gigantes nebulosos y penetró en un cuerpo caliente, húmedo, lleno de tinieblas, que moría. El cuerpo, al sentirlo arrebozado con su propia sustancia, resbaló hacia la vida."
 
Sin embargo, es en El otro, obra teatral de Miguel de Unamuno anterior al texto de Carpentier -ya que fue escrita en 1926 y escenificada por primera vez en 1932-, donde la idea se expresa de manera más evidente:
 
"Y entonces sentí que se me derretía la conciencia, el alma; que empezaba a vivir, o mejor a desvivir, hacia atrás, retrocediendo, como en una película que se haga correr al revés... Empecé a vivir hacia atrás, hacia el pasado, a tener veinte años, y diez, y cinco, y me hice niño; ¡niño! y cuando sentía en mis santos labios infantiles el gusto de la santa leche materna... desnací... me morí. Me morí al llegar a cuando nací, a cuando nacimos..."

Como conclusión, bien cabría aquí lo que plantea Carlos Fuentes con respecto a la muerte en su espléndido abecedario personal En esto creo: "El fin de toda vida es la muerte, una reina todopoderosa que nos precedió y seguirá aquí cuando desaparezcamos. ¿Nos anunció antes de ser? ¿Nos recordará después de haber sido? O más bien, la nada que nos precedió y que nos seguirá, ¿sólo se vuelve consciente en tanto naturaleza, no en tanto nada, gracias a nuestro paso por la vida? La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es."


Jules Etienne 

* La verdad es que habría preferido realizar esa misma búsqueda leyendo su novela utópica Erewhon -que es un anagrama de nowhere, en ninguna parte-, mencionada tanto por Miguel de Unamuno para iniciar su cuento Mecanópolis (publicado en un suplemento madrileño en 1913, catorce años antes de que se estrenara la película Metrópolis, de Fritz Lang), como por Pío Baroja en el cuarto capítulo de su novela El hotel del cisne. Se considera a Erewhon, editada de manera anónima en 1872, un antecedente literario de las utopías de Aldous Huxley y George Orwell. 

lunes, 7 de noviembre de 2011

Verano: LLUVIA ESTIVAL, de Tomás Segovia



En la apartada noche ya sin nadie,
tibia, agitada, leve cae la lluvia,
sola para sí sola.
 
Íntima bailarina por la noche,
misteriosa, alocada,
gime allá, vuela, ahoga aquí una risa,
caprichosa musita, se interrumpe,
juguetona, inquietante,
viene y va, calla, desde lejos torna
con sonreídas lágrimas,
va a decir algo que en suspiro muere.
 
Y huyendo con susurros
y voces de sirena,
deja en el aire un mórbido perfume
de amor difunto en punzante recuerdo,
y en el alma el errático, incurable,
secreto amor de todas las derivas...
 
 
Tomás Segovia (Mexicano nacido en España, 1927-2011)

domingo, 6 de noviembre de 2011

Páginas ajenas: HORA MENOS, de Mario Benedetti


Hoy justo a las dos de la madrugada
el reloj sumiso atrasó una hora
en realidad fue orden del gobierno
aburrido de estar siempre en lo mismo

tal vez fue un ademán de independencia
pero es cierto que en la tarde siguiente
nos contemplamos con cara de noche

¿qué habrá pasado en tanto con el mundo?
¿habrá puesto también la marcha atrás?
¿los pájaros se fueron por el aire
y los murciélagos estornudaron?
nosotros invadimos el pretérito
y lo dejamos una hora más breve

hasta sentimos viejas a las sábanas
pero más joven al amor contiguo
esta hora menos nos escandaliza
nos caemos de espaldas o de culo
y no sabemos bien en dónde estamos
si por lo menos esta hora menos
nos achicara un poco la barriga
entonces propondría a los expertos
que por favor bajaran otra hora


Mario Benedetti: Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia
(Uruguay, 1920-2009)