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Vancouver, primavera en el puente Burrard, el más antiguo de la ciudad.

martes, 31 de enero de 2012

Páginas ajenas: EL PEREGRINO KAMANITA, de Karl Adolph Gjellerup



(Fragmento)

La estepa sobre la que desfila la comitiva, jinetes, carros y gente de a pie en inacabable hilera, está llena de nieve. En el aire, los blancos copos hacen remolinos. A lo lejos se ven las las negras montañas sombrías. De una de las carretas asoma una muchacha tan violentamente, que la piel de oveja que la cubre se desliza a un lado, y su rica melena dorada cae sobre las mejillas, cuello y pecho.


Karl Adolph Gjellerup (Dinamarca, 1857-1919),
recibió el premio Nobel junto con su compatriota Henrik Pontoppidan, en 1917.

lunes, 30 de enero de 2012

Páginas ajenas: JUAN CRISTÓBAL, de Romain Rolland



(Fragmentos del Tomo II: La rebelión)

Cristóbal respiraba con entera libertad, sin comprender lo que le había sucedido. Cuando volvió, después de acompañar a Gottfried, entraba por la gran puerta de la ciudad un torbellino de cierzo helado. La gente bajaba la cabeza para preservarse del huracán. Las jóvenes que iban a su trabajo, luchaban a pesar suyo contra el viento que les levantaba las faldas; se paraban un momento para respirar, con la nariz y las mejillas coloradas, y llenas de ira, Cristóbal, en cambio, reía lleno de satisfacción y no pensaba en la tormenta. Pensaba únicamente en la otra de que acababa de librarse. Miraba el cielo de invierno, la ciudad envuelta en nieve y la gente que pasaba haciendo esfuerzos para preservarse de la tormenta; miraba en torno suyo, pero no sentía lazo alguno entre sí mismo y el exterior. Se hallaba solo... ¡Solo! ¡Qué felicidad estar solo consigo mismo! ¡Qué dicha verse libre de las cadenas, de la tortura de los recuerdos y de la alucinación de las caras detestadas o queridas! ¡Qué felicidad vivir al fin sin verse presa de la vida, y dueño por completo de sus acciones!

...

Volvió a su casa cubierto de nieve. Se sacudió como un perro y, al pasar junto a su madre, que estaba barriendo el pasillo,la levantó del suelo, lanzando gritos inarticulados y cariñosos como los que se dirigen a los niños. La anciana Luisa luchaba por desasirse de los brazos de su hijo, que estaba cubierto de nieve que iba derritiéndose, y le llamó: ¡tonto!, riendo al mismo tiempo con risa infantil.


Romain Rolland (Francia, 1866-1944), recibió el premio Nobel en 1915.

sábado, 28 de enero de 2012

Páginas ajenas: DESEOS INVERNALES, de Maurice Maeterlinck



Lloro los labios ya gastados

donde los besos no han nacido,

y los deseos abandonados

sobre dolores abatidos.

La nieve cubre el arenal.

Del cielo gris, es duro el ceño.

Y en el alcázar de mis sueños

lobos que rondan el umbral,

y observan en mi alma cansada,

mirando aquello que pasó,

toda la sangre derramada

por el cordero que se heló.

Sólo alumbra la luna errante,

con su tristeza siempre igual,

en la helada hierba invernal,

mis ansias, de hambre agonizantes.


Maurice Maeterlinck (Bélgica, 1862-1949), recibió el premio Nobel en 1911.

La ilustración corresponde a Moonlight Snow, de Keith Mack.

viernes, 27 de enero de 2012

Páginas ajenas: EL MARAVILLOSO VIAJE DE NILS HOLGERSSON, de Selma Lagerlöf



(Fragmento del capítulo 32: En torno de las iglesias)

Domingo, 1 de mayo

Cuando despertó a la amañana siguiente no pudo Nils contener la risa. Durante la noche había caído gran cantidad de nieve y aún continuaba nevando; el viento arrastraba tales copos de nieve que dijérase eran las alas de las palomas muertas de frío, lo que caía. Sobre el lago Siljan la nieve formaba una capa de varios centímetros de espesor; las riberas también estaban nevadas, y los patos silvestres tenían tanta sobre sus espaldas que presentaban el aspecto de montoncitos de nieve.

De tiempo en tiempo, Okka, Yksi y Kaksi despertaban un poco; pero viendo que la nieve no cesaba de caer, hundían de nuevo su cabeza bajo el ala. Estaban convencidas de que ante un tiempo semejante no había cosa mejor que dormir, y Nils no opinaba de otro modo.

Algunas horas más tarde se despertó de nuevo; las campanas de Rattvik llamaban a los fieles a los oficios divinos. La nieve había dejado de caer; pero el viento del norte soplaba muy fuerte, y en el lago hacía un frío terrible. Nils experimentó mucha alegría al ver que los patos se sacudían la nieve y volaban hacia tierra en busca de alimento.


Selma Lagerlöf (Suecia, 1858-1940).
Fue la primera mujer en recibir el premio Nobel de literatura, en 1909.

jueves, 26 de enero de 2012

Páginas ajenas: KIM, de Rudyard Kipling



(Fragmento)

Cruzaron a la fría luz de la luna un puerto lleno de nieve, y el Lama, jugando y bromeando con Kim, cayó de rodillas como un camello Bactriano -esos camellos de pelo áspero que se alimentan en la nieve y se ven a menudo en el Rashmir Serai. Se hundieron en el lecho de blanda nieve y pizarra pulverizada por las heladas y se refugiaron de la tempestad en un campamento de tibetanos que hacían descender apresuradamente sus pequeños carneros cargados cada uno con un paquete de bórax. Llegaron a lomas cubiertas de hierba, manchadas todavía de nieve y atravesaron bosques y praderas. Durante todo el camino, Kedernath y Badrinath permanecieron impasibles; y únicamente, al cabo de muchos días de viaje, pudo Kim vislumbrar desde lo alto de un insignficante mogote de diez mil pies de altura, que algún apéndice o cuerno de los grandes señores había -aunque muy ligeramente- cambiado de silueta.

Al fin penetraron en un pequeño mundo aparte -un valle de muchas leguas, donde las elevadas laderas estaban formadas por rocas que se destacaban de las curvas de las montañas. Aquí un día de marcha, no les hacía avanzar, al parecer, a mayor distancia de la que puede recorrer un hombre soñando durante una pesadilla. Durante muchas horas faldearon penosamente un contrafuerte, y al terminar se encontraron con que ¡no era más que una lejana joroba de otro enorme contrafuerte destacado de la montaña principal! Una praderita redonda, se convirtió cuando llegaron a ella, en una vasta meseta que avanzaba enormemente hacia el valle. Tres días más tarde, no era más que una confusa arruga de tierra que se esfumaba hacia el sur.

- Aquí indudablemente deben vivir los Dioses -dijo Kim impresionado por el silencio y la rápida dispersión de las nubes, después de la lluvia-. ¡Este no es lugar a propósito para los hombres!


Rudyard Kipling (India, 1865-1933), recibió el premio Nobel en 1907.

miércoles, 25 de enero de 2012

Nieve: MEDIODÍA ALPINO, de Giosué Carducci



En el círculo de los Alpes

sobre el granítico retorcido y desangrado

entre las nieves candescentes

reina parado

intenso e infinito en su amplio silencio el mediodía.

Pinos y abetos blancos

sin el aliento de los vientos

se elevan al sol que sereno los mira

y un pájaro canta

con frágiles sonidos de lira

el agua que lentamente entre las rocas camina.
 


Giosué Carducci (Italia, 1835-1907), recibió el premio Nobel en 1906.

(Traducción del italiano por María Dolores Sartorio)
La ilustración corresponde a los Alpes Dolomitas, en Italia.

martes, 24 de enero de 2012

Páginas ajenas: EL ORGANISTA DE PONIKLA, de Henryk Sienkiewicz



(Fragmentos)

La nieve estaba seca y crujiente, y era poco profunda; y como Klen tenía las piernas largas, avanzaba raudo por el camino de Zagrabie a Ponikla. Avanzaba tanto más raudo cuanto que se avecinaba una buena helada y él llevaba puesta poca ropa: una levita corta y encima, una chaqueta de piel vuelta, más corta todavía, unos pantalones de paño negros y unas botas finas, llenas de remiendos. Aparte de esto, en la mano llevaba un oboe, en la cabeza un mísero sombrero, liviano como el viento, en el estómago varias copas de arac, alegría en el corazón y en el alma, sobrados motivos para sentirla. Es que aquella misma mañana había firmado con el canónigo Krajewski, un contrato por el cual sería el futuro organista de Ponikla. Él, quien hasta ese día -cosas que pasan-, había vagado cual un gitanillo de posada en posada, de boda en boda, de feria en feria, de romería en romería, y todo con tal de ganarse unas cuantas monedas con su oboe o algún órgano, instrumento que, la verdad sea dicha, tocaba mejor que cualquier otro organista de la comarca; él ahora estaba a punto de sentar cabeza, instalarse en Ponikla y empezar una vida estable bajo un techo propio.

...

Se avecinaba una buena helada pero a él no le importaba; caminaba cada vez más raudo y mientras lo hacía reememoraba todo aquel día, pensaba en Olka y no sentía el frío. Simplemente, no había tenido día más feliz en toda su vida. Por el desierto camino, desprovisto de árboles, entre praderas heladas y cubiertas por la nieve que centelleaba en rojo y azul en la hora vespertina, llevaba su alegría como una linterna luminosa que había de disiparle la oscuridad. Recordaba y rememoraba todo lo que había sucedido, tanto la conversación con el canónigo y la firma del contrato como todas y cada una de las palabras del ladrillero y dela señorita Olka. Ella, cuando se habían quedado a solas por unos instantes, le había dicho lo siguiente: "¡A mí me da igual! Aun sin esto, ¡yo le seguiría a usted, Antoni, incluso más allá del mar!, pero por papá, así es mejor".

...

Pasado un tiempo se sintió canasado, por algo que no había calculado: que la nieve era más profunda en los prados que en el camino, aplanado, y que no resultaba nada fácil sacar de ellas unas piernas tan largas. Aparte de esto, en algunos lugares los prados formaban hondonadas que ahora parecían niveladas por las ventiscas recientes, pero que para atravesarlas había que hundirse en la nieve hasta las rodillas. Klen ahora empezaba a arrepentirse de haber abandonado el camino, donde tal vez habría podido encontrar algún carro que se dirigiera a Ponikla.

Las estrellas emitían destellos cada vez más agudos, el frío se volvía cada vez más intenso, y Klen, sin embargo, estaba empapado de sudor. No obstante, en los ratos en que se levantaba el viento para dirigirse a través de los prados hacia el río, se sentía helado. Intentaba volver a tocar pero con la boca tapada se cansaba más todavía.

...

Y una vez sentado empezó a tocar y la tenue voz del oboe volvió a oirse en medio de la noche oscura y de las nieves profundas. Pero a Klen se le pegaban los párpados cada vez más y las notas de Mi jarrón, debilitándose por momentos, sonaban cada vez más quedas, haasta que acabaron por extinguirse del todo. Él, sin embargo, aún se defendía del sueño, todavía conservaba la consciencia, todavía pensaba en Olka, sólo que al mismo tiempo creía hallarse rodeado de un vacío cada vez más grande, se sentía cada vez más solo, como olvidado, y empezó a embargarlo una sensación de asombro porque ella no estuviese a su lado en medio de aquel desierto nevado, de aquella noche profunda.


Henryk Sienkiewicz (Polonia, 1946-1916), recibió el premio Nobel en 1905.

lunes, 23 de enero de 2012

MIRADAS SOBRE LA NIEVE: desde la perspectiva de los ganadores del premio Nobel (primera parte, hasta 1939)



La gran mayoría de los escritores que han recibido el premio Nobel de literatura son originarios de lugares en los que la nieve es habitual durante el invierno. Aquellos que provienen de climas tropicales suman apenas un reducido porcentaje entre los ganadores y constituyen una mínima excepción. Tal vez a eso se deba, en buena medida, que la nieve aparezca como elemento frecuente tanto en la narrativa como en su poesía.

No resulta tan sencillo elaborar una antología sobre el tema, porque las obras de algunos de ellos son difíciles de obtener traducidas a nuestro idioma y es que no todos lograron mantener su prestigio con el paso de los años. Por ejemplo, es casi imposible conseguir versiones al español de ciertos autores, sobre todo escandinavos, aunque también sucede con otros en lengua alemana, como es el caso del suizo Carl Spitteler, de quien encontré una traducción al inglés de su poema alegórico Prometeo y Epimeteo, sobre la cual intentaré el traslado al español del fragmento que alude a la nieve. De tal manera que cualquier selección se vuelve en este caso más arbitraria aún de lo que suelen ser las antologías y, por supuesto, no podría ser exhaustiva. Sin embargo, en los días subsecuentes trataré de rescatar poemas, relatos y fragmentos de novelas escritos por ganadores del premio Nobel en los que se hace referencia a la nieve.

Entrando en materia, el primero en recibirlo, en 1901, el francés Sully Prudhomme, decía en Una cita:

"El alma se aligera de sus cargas
por la inmensa huida de todo lo existente
y la memoria se funde como si fuera de nieve
."

Al año siguiente, el Nobel correspondió a Theodore Mommsen, historiador alemán cuya investigación más importante fue una acuciosa Historia de Roma. De manera que no cabrían expectativas de que en ella hubiese alguna mención de la nieve en tono metafórico. Sin embargo, en el tomo V, al describir la campaña del general Lúculo en el Éufrates, refiere con la sobriedad del ensayo:

"Y en realidad ¿no era una temeridad penetrar violando la ley en regiones lejanas, desconocidas, cortadas a cada paso por torrentes devastadores y por montañas cubiertas de nieve, y cuya inmensa extensión era por sí sola un peligro para el agresor?"

El noruego Bjorsterne Bjornson lo obtuvo en 1903. Tratándose de un autor radicado en la península escandinava, es lógico suponer que con frecuencia la acción de sus novelas transcurre en la nieve, así como las alusiones a la misma en su poesía. El siguiente párrafo corresponde a Un muchacho feliz:

"La noche no era fría, pero el cielo estaba nublado y sin estrellas. Era probable que lloviera al día siguiente. Una brisa somnolienta soplaba sobre la nieve que estaba allanada a grandes trozos en las alturas, todas blancas."

Si bien Frédéric Mistral, al igual que Prudhomme, era de nacionalidad francesa, escribía en occitano, una lengua provenzal emparentada con el catalán. Compartió el premio con el español José Echegaray en 1904. La poeta chilena Lucila Godoy adoptó de él su apellido para formar el seudónimo literario por el que sería conocida como Gabriela Mistral. Estos son algunos renglones qu se refieren a la nieve en Mireya: "Asimismo cuando duerme la naturaleza bajo una sábana de nieve", (canto VI); "Con tu llanto la roca misma llorará eternamente, y tus lágrimas, eternamente, como un viento de nieve, sobre todo, amor de mujer, derramarán la blancura..." (canto X); "Cuando ha nevado en los collados, menos deslumbrante es el ampo de la nieve..." (canto XII).

Por su parte, el dramaturgo José Echegaray dio el título de La bola de nieve a una de sus piezas escénicas. En la escena IV de Bodas trágicas, el personaje de la dama dice:

"... Nada resiste
en cuanto alumbra el sol, al tiempo impío.
La alegre primavera y el estío,
y el abundoso otoño ya más triste,
todo con el sudario al fin se viste
de escarcha y nieve en el invierno frío
."

Paul von Heyse, a quien designó la academia sueca en 1910, fue considerado "el último poeta de corte", como se les denominaba a aquellos que gozaban del mecenazgo de la nobleza. Primero fue protegido del rey Maximiliano de Baviera y posteriormente también de Luis II. Este es un fragmento de su relato Lottka:

"Cuando salió a la calle sintió la brisa fresca del invierno. El frío intenso de los últimos días de alguna manera había disminuido, la nieve caía en copos grandes que no se sacudió, porque le dio gusto al sentirlos derretirse en su cara. Su barba, la cual había dejado crecer durante el año pasado, y que mejoraba mucho su apariencia, se veía blanca por los copos de nieve."

De nuevo se le concedió el Nobel a otro autor en idioma alemán en 1912, Gerhart Hauptmann -para entonces era ya el cuarto en la lista-. El loco en Cristo: Emmanuel Quint resultaba audaz para la época por sus connotaciones religiosas.

"Cristo habría peregrinado por el mundo, ofreciendo al Padre un mensaje de desesperanza en torno al hombre. Finalmente el mendigo que decía ser Cristo compartió el pan con dos pastores suizos en Andermatt. Desde que esos piadosos lo acogieron nunca más volvió a saberse de él. Sin embargo, el cronista que siguió las huellas de Emmanuel Quint, cree que aquel ser que, abandonado y solitario, arrastró su mesiánica locura por las lindes helvéticas y germánicas, era el desaparecido carpintero de Silesia. Y cree también que era el mismo que, después del deshielo de primavera, fue encontrado rígido y postrado en el refugio del Gotardo. Es muy posible que se extraviase en los inhóspitos paisajes del Pizo Centrale, donde la noche, la niebla y la nieve, lo habían sepultado. Esto debió ocurrir a finales de otoño o a principios de invierno."

A Rabindranath Tagore, quien lo obtuvo en 1913, pertenece esta frase de su extenso poema El jardinero: "Por no esperar en capullo, entre la nieve eterna del invierno, el loto se abre al sol y pierde cuanto tiene..."

En 1916, durante la primera guerra mundial, el premio recayó en el sueco Verner von Heidenstam. En uno de sus poemas escribió: "Como una mañana soleada con nieve recién caída", y en la novela Los suecos y sus caudillos: "La oscuridad aún prevalecía cuando la caballería comenzó a moverse sobre un mar cubierto de nieve."

Entre los escritores en español, Jacinto Benavente, ganador en 1922, es autor de Nieve en mayo y de una comedia en tres actos para público infantil titulada Novia de nieve, que transcurre en un palacio de nieve donde todo está congelado y sus protagonistas son el Príncipe Sol y la princesa Flor de Nieve. Este es uno de sus parlamentos:

"... ¿qué puede importarnos la crueldad del invierno? Contemplar como cae la nieve desde esa ventana es un hermoso espectáculo. Los jardines de nieve parecen una apetitosa merengada."

El poeta irlandés William Butler Yeats, quien recibiera el Nobel en 1923, es autor de un poema titulado Locos como la bruma y la nieve:

"Echa el cerrojo, atranca ya el postigo,
porque esta noche el viento en contra viene:
tenemos puestos los cinco sentidos,
y es que a mí me parece
que fuera de nosotros todo está
tan loco como la bruma y la nieve
."

Contrasta con esa ligereza festiva para referirse a la nieve de Benavente y Yeats, el matiz ominoso del extenso drama rural Los campesinos, novela del polaco Wladislaw Reymont (1924), que se divide en cuatro partes, una por cada estación del año. La nieve es implacable durante el invierno en Polonia:

"El mundo se había vuelto oscuro para ella, la nieve era gris ahora, no podía encontrar el sendero por el que había venido y en vano trató de frotar las lágrimas que se congelaban en sus pestañas."

George Bernard Shaw fue, en 1925, el segundo irlandés laureado en un lapso de tres años, y a su vez el tercer escritor en lengua inglesa, si bien ninguno de ellos nació en Inglaterra, puesto que Kipling era originario de Bombay, en la India, mientras que Yeats era de Dublín, al igual que él. A Shaw siempre se le reconoció la agudeza de su sentido del humor. En su obra teatral La casa de las penas, el personaje de Héctor reclama: "¡Dinero! ¿Dónde están mis dividendos de abril?", a lo que la señora Hushabye responde: "¿Dónde está la nieve que cayó el año pasado?"

Originaria de la isla de Cerdeña, el conjunto de la obra de Grazia Deledda describe los lugares y costumbres de su entorno. Fue apenas la segunda mujer distinguida con el premio Nobel, en 1926. De su cuento Regalo de navidad proviene este párrafo:

"La nieve cubría toda la comarca; las oscuras casas se destacaban en la montaña como si estuvieran dibujadas en una blanca cartulina; la iglesia, levantada sobre un terraplén sostenido por peñascos, aparecía rodeada de árboles cargados de nieve, de sus ramas colgaban los carámbanos, parecía uno de esos edificios que la fantasía ve dibujado en las nubes. Reinaba en todo el lugar el más profundo silencio, como si sus habitantes estuviesen sepultados bajo la nieve."

Se podría asumir que en la obra filosófica de Henri Bergson -el quinto francés en la lista de los premiados, en 1927-, no tendría porque figurar la nieve. Sin embargo, es famosa su reflexión sobre el tiempo con la analogía de una bola de nieve en La evolución creadora. Cada capa que se va incorporando a la bola es el momento presente, mientras que el pasado es el conjunto de la bola que no se queda atrás, sino que permanece debajo como un todo: "Mi memoria está ahí, introduciendo algo de este pasado en este presente. Mi estado de alma, al avanzar en la ruta del tiempo, se infla continuamente con la duración que lo engrosa y hace, por decirlo así, una bola de nieve consigo mismo."

En 1930, Sinclair Lewis sería el primer estadounidense en recibirlo. Sus retratos de la sociedad norteamericana -especialmente Babbitt-, le merecieron un reconocimiento más allá de su país de origen. Aquí un fragmento de su novela Elmer Gantry:

"No le quedaba ya emoción suficiente para pasear solitario en aquella noche fría, plena de realidades, a lo largo de una calle que bordeaban, no brillantes columnas, sino pequeñas casas humildes, hundidas penosamente en la nieve, bajo un cielo hostil en el que apenas alcanzaban a brillar unas cuantas estrellas mortecinas."

Erik Karlfeldt, poeta sueco premiado en 1931, escribió en su Saludo de invierno:

"Conoce al viento del norte, amigo; enhorabuena,
Lo encontrarás con una canción estentórea
Nieve en su lira, en el profundo bosque de pinos
..."

El británico John Galsworthy fue el ganador en 1932. Su saga sobre los Forsyte le redituó gran popularidad, pero fue un autor prolífico no sólo de cuentos y novelas sino también de obras teatrales. Entre sus primeros relatos se cuenta Villa Rubein, publicado bajo el seudónimo de John Sinjohn, del cual prescindiría al poco tiempo:

"La luna era como una magnífica linterna blanca en el cielo púrpura; sólo había un arder de estrellas. Bajo la suavidad del aire estaba la frialdad de la nieve; lo cual provocaba que quisiera correr y saltar."

Es notoria la ausencia de la nieve en el teatro de Eugene O'Neill (1936). Apenas una frase coloquial en Tierras vírgenes en boca del personaje de nombre Sid: "... puro como la nieve, ése soy yo", y un recuerdo de Martha en El primer hombre: "Era un domingo de invierno cuando Curt y yo habíamos ido a visitar a unos amigos. La niñera se quedó dormida -o algo así- y los niños salieron en ropa interior a jugar en la nieve. Les dio pulmonía y una semana después ambos murieron."

El trabajo más significativo de Roger Martin du Gard, merecedor del Nobel en 1937, es su extensa novela río Los Thibault, que comprende un total de ocho tomos publicados entre 1922 y 1940. En el correspondiente a La muerte del padre se lee:

"... la luz rasante palpita sobre la nieve en el aire sosegado por una tregua momentánea de los vientos. No luchaba; se abandonaba a la opresión de la muerte."

Otra mujer, la estadounidense Pearl S. Buck (la inicial era por su apellido paterno: Sydenstricker, en tanto que Buck lo tomó de su primer marido), resultó premiada en 1938. En Viento del este, viento del oeste, que ubica su acción en China -al igual que el resto de su obra-, se encuentra esta descripción:

"Estamos en la undécima luna del año; la nieve cubre la tierra, los bambúes del jardín..., álgido mar de blancas ondas, que apenas se mueven en la brisa, gimiendo bajo el peso blanco."

Frans Eemil Sillanpää es el único escritor finés galardonado con el Nobel, en 1939. Por la naturaleza rural del entorno en que se desenvuelven sus personajes y su respectiva latitud geográfica, la nieve se advierte imprescindible. En una narrativa como la suya, impregnada de sufrimiento, no deja de ser una curiosa coincidencia el que dos párrafos concuerden en la alegría de su atmósfera descriptiva. Es el caso de uno de sus relatos primitivos que forman parte del volumen titulado A ras del suelo:

"Sin embargo, la mañana aparecía llena de promesas: el frío seco, el humo que salía de todas las casas del pueblo, el camino perfectamente marcado sobre la nieve."

Y este otro que figura en Silja, su novela más conocida, escrita durante la etapa de su madurez creativa: "Lucía un sol espléndido; el día era hermoso y cálido. La nieve se derretía con gran facilidad."

Con esto concluyo lo que podría denominarse la primera etapa de los premios Nobel, ya que en 1940 entraron en receso debido a la guerra, reanudándose las entregas a partir de 1944. En las próximas tres semanas incluiré cada día un fragmento de diferentes autores, desde Henryk Sienkewicz (1905) a Luigi Pirandello (1934), pasando por Rudyard Kipling, Knut Hamsun y Thomas Mann, entre otros, para más tarde retomar el tema y agotarlo hasta la actualidad.


Jules Etienne

sábado, 21 de enero de 2012

Epigrama: NIEVE



Obsequio de la naturaleza

con vocación femenina,

su delicada belleza

no podría ser masculina.

viernes, 20 de enero de 2012

Páginas ajenas: LOS MUERTOS, de James Joyce



(Párrafo final)

Unos cuantos golpes leves sobre el cristal lo hicieron asomarse por la ventana. Había empezado a nevar otra vez. Somnoliento, observó los copos, plateados y oscuros, cayendo oblicuos a contraluz de la lámpara. Había llegado el momento para él de emprender el viaje rumbo al oeste. Sí, los periódicos acertaron: la nieve era general sobre toda Irlanda. Estaba cayendo en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el cerro de Allen y, más al oeste, suavemente caía sobre las turbias aguas del Shannon. También caía en todo el desolado cementerio de la iglesia junto a la colina, en la que Michael Furey yacía enterrado. Reposaba espesa, sobre las cruces corvas y las lápidas, sobre las lanzas de la reja, sobre las espinas yermas. Su alma se desvanecía lenta al escuchar caer la nieve leve sobre el universo y cayendo leve, como el descenso de su último suspiro, sobre todos los vivos y los muertos.


James Joyce (Irlanda, 1882-1941)

(Traducido del inglés por J. Etienne)

jueves, 19 de enero de 2012

Páginas ajenas: RETRATO DE SOMBRAS, de Hans Magnus Enzensberger



pinto la nieve
pinto asiduo
pinto a plomo
con un gran pincel
sobre esta blanca página
la nieve

pinto la tierra
pinto la sombra
de la tierra, la noche
no duermo

pinto
toda la noche
cae la nieve
a plomo asidua
sobre la que pinto
una gran sombra
cae sobre mi retrato de sombras
en esta sombra pinto
con el gran pincel de la noche
asiduo
mi diminuta sombra


Hans Magnus Enzensberger (Alemania, 1929)

(Traducido del alemán por Ramón Xirau)

miércoles, 18 de enero de 2012

Páginas ajenas: NOSTALGIA DE LA NIEVE, de Xavier Villaurrutia



¡Cae la noche sobre la nieve!
Todos hemos pensado alguna vez
o alguien -yo mismo- lo pienso ahora
por quienes no sabe que un día lo pensaron ya,
que las sombras que forman la noche de todos los días
caen silenciosas, furtivas, escondiéndose
detrás de sí mismas, del cielo:
copos de sombra.
Porque la sombra es la nieve oscura,
la impensable callada nieve negra.

¡Cae la nieve sobre la noche!
¡Qué luz de atardecer increíble,
hecha del polvo más fino
llena de misteriosa tibieza,
anuncia la aparición de la nieve!
Luego, por hilos invisibles
y sueltos en el aire como una cabellera,
descienden
copos de pluma, copos de espuma.

Y algo de dulce sueño,
de sueños sin angustia,
infantil, tierno, leve
goce no recordado
tiene la milagrosa
forma en que por la noche
caen las silenciosas
sombras blancas de nieve.


Xavier Villaurrutia (México, 1903-1950)

martes, 17 de enero de 2012

Páginas ajenas: MAÑANA INVERNAL, de Aleksandr Pushkin



Sol y helada. ¡Qué belleza!
Sacúdete la pereza.
¡Despierta, amor,que ya es hora!
Abre los ojos, preciosa,
y sé estrella prodigiosa
que se funda con la Aurora.

La nevasca con su velo
ocultaba ayer el cielo,
y era la luna lejana
mancha tras nubes sombrías.
Muy triste tú parecías...
¡Mira hoy por la ventana!

Bajo el terso azul sin sombras
se extienden blancas alfombras;
brilla el río bajo el hielo;
allá el bosque recoleto
se perfila negro y neto;
la nieve sonríe al cielo...

Al cuarto da su calor
un ambarino fulgor.
Chisporrotea el hogar,
fluye libre el pensamiento.
¿Qué me dices si al momento
mando la yegua a enganchar?

Por la nieve mañanera
será grata la carrera
de la yegua alborozada
en los campos ya dormidos,
los bosques antes tupidos
y la orilla tan amada.


Aleksandr Pushkin (Rusia, 1799-1837)

(Traducido del ruso por José Vento Molina)

lunes, 16 de enero de 2012

EL DÍA MÁS TRISTE: propósitos y despropósitos del año nuevo



Me despertó el silencio de la nieve. El pronóstico del clima había anunciado una nevada durante la noche pero al acostarme ya de madrugada, aún no había iniciado. Especulé con la posibilidad de que hubiese fallado, después de todo la meteorología debe estar más emparentada con la aeromancia que con la ciencia. Sin embargo, por la mañana ahí estaban cayendo los copos de nieve que José Emilio Pacheco describiera en Noche y nieve:
 
Me asomé a la ventana y en lugar de jardín hallé la noche
enteramente constelada de nieve
La nieve hace tangible el silencio y es el deplome de la
luz y se apaga
La nieve no quiere decir nada: Es sólo una pregunta que
deja caer millones de signos de interrogación sobre el
mundo.
 Fue la primera nevada de este invierno, y por lo tanto del año que recién acaba de comenzar. Coincidió justo con el denominado Blue Monday: el día más triste del año. Si bien es una designación por demás discutible, gracias a una fórmula desarrollada por el sicólogo Cliff Arnall, profesor de la Universidad de Cardiff, en el año 2005, en la que mediante una ecuación matemática que incluye media docena de elementos: el clima, las deudas, el lapso transcurrido después de los festejos navideños, el índice de motivación, la sensación de que ha llegado el momento de tomar decisiones y -lo que a mí me parece más sombólico-, el tiempo de confrontar lo que se suele denominar propósitos de año nuevo y que, a estas alturas, ya empezaron a ceder ante la realidad de las costumbres y vicios propios. Hace unos días lo expresaba de esta manera en mi poema Brindis:
 
Amanece enero con su resaca,
despropósitos de la imaginación
ya la rutina se encargará
de recuperar los viejos hábitos.
 La estructura de mi novela Decir adiós es morir un poco se divide en tres actos, al estilo de las obras teatrales. Esto es lo que dice en su capítulo octavo, justo al principio del segundo acto:
 "A finales del año, en México, nadie conoce lo que es una cruda. Es una misma borrachera prolongada que provoca la sensación de que hasta la crisis se ha ido de vacaciones. Eufemismos etílicos porque la crisis ha pasado a ser el estado permanente de las cosas, la normalidad es su excepción. Como quiera que sea, todo es pura nugacidad decembrina que en enero expía su penitencia. Al margen de las creencias religiosas, es el momento de conocer el purgatorio. Pero tú y los demás, todos, saben que siempre se sobrevive. Es tan sólo el precio a pagar por los derroches y con ello se cumple otro de los ciclos típicos de la vida nacional."
Para los chinos radicados en países occidentales esta fecha no tiene ningún sentido, ellos festejarán la llegada del año nuevo el próximo lunes, 23 de enero. Aunque conozco a muchos que lo celebran por partida doble, tanto el último de diciembre como el de su propio calendario. Tal vez eso les permita deprimirse menos ya que pueden tratar de engañarse una vez más. Para cuando les llegue la supuesta depresión a la que se refiere el profesor Arnall, ya serán mediados de febrero y para entonces, como quiera que sea, la vida va.


Jules Etienne

miércoles, 4 de enero de 2012

BRINDIS (del poemario Mitología del Olvido)



A medianoche se consume el día

tocón de otro árbol mutilado

en el bosque de las vivencias,

se festejan las doce campanadas:

un año menos por andar.

Amanece enero con su resaca,

despropósitos de la imaginación

ya la rutina se encargará

de recuperar los viejos hábitos.

Fuga perpetua de la vida

evanescencias del calendario,

el tiempo nunca se equivoca.


Diciembre 31 de 2011.

martes, 3 de enero de 2012

Salvador Novo y el año nuevo


Era una costumbre de Salvador Novo enviar a su allegados un soneto alusivo al año por comenzar. Dio principio a esa tradición en 1955 y la mantuvo de manera constante hasta 1971, cuando ya se encontraba muy enfermo. Por alguna extraña razón aparecen publicados sólo catorce de ellos, que comprenden de 1955 a 1968. Este es el soneto correspondiente a 1958:

¿Cuántos veremos más, soles ardientes
nuestras horas regir, y hacia un ocaso
-¡tan parecido al alba!- nuestro paso
llevar a cuántas más noches silentes?

¿Acaso nos reserva sus presentes
mejores el futuro? ¿Cuáles brazos
aguardarán los nuestros -dulces lazos,
reposo al fin o dádivas fervientes?

El alma que interroga y adivina
lo sabe bien: el astro que florece
en ceniza de pétalos germina.

Añora. Espera. Apenas la estremece
el milagro de un año que termina
y el prodigio de un día que amanece.

El soneto dedicado al año siguiente, 1959, culminaba con este terceto:

Ya nace un año más -niño desnudo.
Que los catorce versos del soneto
vistan su cuerpo y sírvanle de escudo.

Existen dos versiones del que escribiera para recibir 1962, una de ellas principia diciendo "De pulcra rosa pétalo vencido", que seguramente decidió modificar después por:

Rosa del aire: pétalo vencido
ronda en el mar del tiempo sin arena;
caricia, sed, espuma, gloria, pena;
breve fulgor del astro presentido.

En el de 1968 se percibe una tristeza que no tenían los anteriores. Este es el cuarteto inicial:

En las catorce redes del soneto,
año tras año, penas y alegrías
urdí, con hilo tenue de los días,
a su apagado sístole sujeto.

Que después acentúa el tono melancólico en sus tercetos:

Clama el Invierno con sus voces frías
a las puertas del mundo en que vegeto
palabras erigidas en vigías.

Haga mi corazón mutis discreto
y vuelva al mar tristezas y porfías
en las catorce redes del soneto.

El último de la citada serie fue el soneto que escribió para 1971. Novo falleció el 13 de enero de 1974.

De las catorce rejas fugitivo
en soneto que el año nos clausura:
frente a uno más, atrevo la ternura
con que distancia y soledad derribo.

Establece en su primer cuarteto y luego añade en uno de sus tercetos:

Año Nuevo le colme de alegría;
desfrunza ceño, muéstrese galante;
únase a general algarabía.

Es bien sabido que la obra poética de Novo con aliento satírico supera en ingenio al resto. Consigna Carlos Monsiváis en su ensayo Salvador Novo: lo marginal en el centro -lectura indispensable para establecer cualquier juicio sobre el autor-, lo ingenioso del soneto conocido como La Diegada, con el que insultó a Diego Rivera luego de que éste, "en uno de los murales de la Secretaría de Educación Pública" hacía un "retrato despiadado de Novo".
Y a propósito de Monsiváis, durante muchos años, desde las páginas del suplemento cultural de la revista Siempre!, hasta el diario La Jornada y la revista Proceso, mantuvo sus observaciones irreverentes de la realidad mexicana bajo el título de ¡Por mi madre, bohemios!, que se inspiraba en una frase incluída en El brindis del bohemio, del potosino Guillermo Aguirre y Fierro, poema de connotaciones edípicas en el que un grupo de amigos celebra la llegada del año nuevo:

Una voz varonil dijo de pronto:
-las doce, compañeros;
digamos el "requiescat" por el año
que ha pasado a formar entre los muertos.
¡Brindemos por el año que comienza!
porque nos traiga ensueños;
porque no sea su equipaje un cúmulo
de amargos desconsuelos...

lunes, 2 de enero de 2012

Año nuevo: ODA AL PRIMER DÍA DEL AÑO, de Pablo Neruda



Lo distinguimos
como
si fuera
un caballito
diferente de todos
los caballos.
Adornamos su frente
con una cinta,
le ponemos
al cuello cascabeles dorados,
y a medianoche
vamos a recibirlo
como si fuera
explorador que baja de una estrella.
Como el pan se parece
al pan de ayer,
como un anillo a todos los anillos:
los días parpadean
claros, tintineantes, fugitivos,
y se recuestan en la noche oscura.

Veo el último
día
de este
año
en un ferrocarril, hacia las lluvias
del distante archipiélago morado,
y el hombre
de la máquina,
complicada como un reloj del cielo,
agachando los ojos
a la infinita
pauta de los rieles,
a las brillantes manivelas,
a los veloces vínculos del fuego.

Oh conductor de trenes
desbocados
hacia estaciones
negras de la noche,
este final del año
sin mujer y sin hijos
¿no es igual al de ayer, al de mañana?
Desde las vías
y las maestranzas
el primer día, la primera aurora
de un año que comienza,
tiene el mismo oxidado
color del tren de hierro:
y saludan
los seres del camino,
las vacas, las aldeas,
en el vapor del alba,
sin saber
que se trata
de la puerta del año,
de un día
sacudido
por campanas
adornado con plumones y claveles.

La tierra
no lo
sabe:
recibirá este día
dorado, gris, celeste,
lo extenderá en colinas,
lo mojará con
flechas
de transparente
lluvia,
y luego
lo enrollará
en su tubo,
lo guardará en la sombra.

Así es, pero
pequeña
puerta de la esperanza,
nuevo día del año,
aunque seas igual
como los panes
a todo pan,
te vamos a vivir de otra manera,
te vamos a comer, a florecer,
a esperar.
Te pondremos
como una torta
en nuestra vida,
te encenderemos
como candelabro,
te beberemos
como
si fueras un topacio.

Día
del año
nuevo,
día eléctrico, fresco,
todas
las hojas salen verdes
del
tronco de tu tiempo.

Corónanos
con
agua,
con jazmines
abiertos,
con todos los aromas
desplegados,
sí,
aunque
sólo
seas
un día,
un pobre
día humano,
tu aureola
palpita
sobre tantos
cansados
corazones,
y eres,
¡oh día
nuevo,
oh nube venidera,
pan nunca visto,
torre
permanente!