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martes, 31 de diciembre de 2013

Año nuevo: LAS INTERMITENCIAS DE LA MUERTE, de José Saramago

"A las veintitrés horas y cincuenta y nueve minutos de aquel treinta y uno de diciembre..."

(Fragmento sobre la noche de año nuevo)

Este pobre diablo no tiene remedio posible, no merece la pena perder tiempo operándolo, le decía el cirujano a la enfermera mientras ésta le ajustaba la mascarilla a la cara. Realmente, quizá no hubiera salvación para el desdichado el día anterior, pero lo que quedaba claro era que la víctima se negaba a morir en éste. Y lo que sucedía aquí, sucedía en todo el país. Hasta la medianoche en punto del último día del año aún hubo gente que aceptó morir en el más fiel acatamiento de las reglas, tanto las que se refieren al fondo de la cuestión, es decir, se acabó la vida, como las que se atienen a las múltiples formas en que éste, el dicho fondo de la cuestión, con mayor o menor pompa y solemnidad, suele revestirse cuando llega el momento fatal. Un caso sobre todos interesante, obviamente por tratarse de quien se trata, es el de la ancianísima y venerada reina madre. A las veintitrés horas y cincuenta y nueve minutos de aquel treinta y uno de diciembre nadie sería tan ingenuo para apostar el palo de una cerilla quemada por la vida de la real señora. Perdida cualquier esperanza, rendidos los médicos ante la implacable evidencia, la familia real, jerárquicamente dispuesta alrededor del lecho, esperaba con resignación el último suspiro de la matriarca, tal vez unas palabras, una última sentencia edificante para la formación moral de los amados príncipes sus nietos, tal vez una bella y redonda frase dirigida a la siempre ingrata retentiva de los súbditos futuros. Y después, como si el tiempo se hubiera parado, no sucedió nada. La reina madre no mejoró ni empeoró, se quedó como suspendida, balanceándose el frágil cuerpo en el borde de la vida, amenazando a cada instante con caer hacia el otro lado, pero atada a éste por un tenue hilo que la muerte, sólo podía ser ella, no se sabe por qué extraño capricho, seguía sosteniendo. Ya estamos en el día siguiente, y en él, como se informó nada más al empezar este relato, nadie iba a morir.
 
La tarde ya estaba muy avanzada cuando comenzó a circular el rumor de que, desde la entrada del nuevo año, más exactamente desde las cero horas de este día uno de enero en que estamos, no había constancia de que se hubiera producido en el país fallecimiento alguno. Podría pensarse, por ejemplo, que el rumor tuviera origen en la sorprendente resistencia de la reina madre a desistir de la poca vida que aún le restaba, pero lo cierto es que el habitual parte médico distribuido por el gabinete de prensa de palacio a los medios de comunicación social aseguraba no sólo que el estado general de la real enferma había experimentado una visible mejoría durante la noche, sino que incluso sugería y hasta daba a entender, eligiendo cuidadosamente las palabras, la posibilidad de un completo restablecimiento de la importantísima salud. En su primera manifestación el rumor podría haber partido con toda naturalidad de una agencia de pompas fúnebres y traslados, Por lo visto nadie parece dispuesto a morir en el primer día del año, o de un hospital, Ese tipo de la cama veintisiete ni ata ni desata, o del portavoz de la policía de tráfico, Es un auténtico misterio que, habiéndose producido tantos accidentes en la carretera, no haya ni un muerto para muestra. El rumor, cuya fuente primigenia nunca fue descubierta, aunque a la luz de lo que sucederá después eso importe poco, llegó pronto a los periódicos, a la radio, a la televisión, e hizo que inmediatamente las orejas de los directores, adjuntos y redactores jefes se alertaran, son personas preparadas para olfatear a distancia los grandes acontecimientos de la historia del mundo y entrenadas para agrandarlos siempre que tal convenga. En pocos minutos ya estaban en la calle decenas de reporteros de investigación haciendo preguntas a todo bicho viviente que se les pusiera por delante, mientras que en las caldeadas redacciones los teléfonos se agitaban y vibraban con idéntico frenesí indagador. Se realizaron llamadas a los hospitales, a la cruz roja, a la morgue, a las funerarias, a las policías, a todas, con comprensible exclusión de la secreta, y las respuestas llegaban siempre con las mismas lacónicas palabras, No hay muertos.
 
 
 José Saramago (Portugal, 1922-2010). Obtuvo el premio Nobel en 1998.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Páginas ajenas: MARCA DE AGUA, apuntes venecianos (Año nuevo), de Joseph Brodsky

"... busco una nube o la cresta de una ola al romper a medianoche contra la orilla."

(Fragmento que alude a la víspera del año nuevo)

Siempre compartí la idea de que Dios es tiempo, o, al menos, de que Su espíritu lo es. Quizás esta idea sea de mi propia factura, pero ahora no lo recuerdo. En todo caso, siempre pensé que si el Espíritu de Dios aleaba sobre la superficie de las aguas, las aguas debían de reflejarlo. De ahí mis sentimientos hacia las aguas, sus oscilaciones, sus pliegues, sus ondas y -soy septentrional- su grisura. Sencillamente, creo que el agua es la imagen del tiempo, y cada víspera de Año Nuevo, de manera un tanto pagana, trato de encontrarme cerca del agua, preferiblemente cerca de un mar o de un océano, para ver emerger de ella una nueva porción, una nueva taza de tiempo. No busco una doncella desnuda sobre una concha; busco una nube o la cresta de una ola al romper a medianoche contra la orilla. Eso, para mí, es tiempo que sale del agua, y me quedo mirando el dibujo como de encaje que deposita en la costa, no con un saber de adivino, sino con ternura y con gratitud.
 
 
Joseph Brodsky (Rusia, 1940-1996). Obtuvo el premio Nobel en 1987. 

domingo, 29 de diciembre de 2013

De los diarios de Franz Kafka: 29 de diciembre


(29 de diciembre de 1911)

Las dificultades en la terminación de un ensayo, por pequeño que sea, no se deben a que nuestro sentimiento exige para el final de la obra un fuego, que el auténtico contenido no ha sido capaz de producir hasta ahora, sino que más bien nacen de que incluso el más pequeño trabajo del autor exige en sí mismo una autosatisfacción y un abandono a sí mismo, a partir del cual resulta difícil salir al aire del día sin una fuerte decisión y un aliciente externo, de forma que antes de que el trabajo quede finalizado, uno huye llevado por la intranquilidad, de forma que el final ha de ser acabado prácticamente desde fuera y con las manos, que no sólo trabajan, sino que también han de agarrarse.
 
 
Franz Kafka (Escritor checo en lengua alemana, 1883-1924)

sábado, 28 de diciembre de 2013

Páginas ajenas: EL DÍA DE LOS INOCENTES, de Josip Novakovich


(Fragmento)

Balanceaba piedras más grandes, haciendo que los trenes se golpearan cada vez más, hasta que un mediodía le atrapó un policía y lo abofeteó de tal modo que sus huellas quedaron grabadas en las suaves mejillas del niño toda esa tarde (las huellas eran tan claras que un adivino podría haber leído en ellas cuántas esposas, niños, años y dinero disfrutaría o sufriría). Para evitar la riña de su madre, permaneció lejos del hogar. Se arrastró al interior de un búnker de la Segunda Guerra Mundial, a unos veinte metros de la colina de las vías ferroviarias. Las telarañas de la parte superior y las ortigas de la parte inferior hicieron que su entrada fuera molesta. En el interior reinaba una total oscuridad. Al caminar a lo largo de la pared, sintió que se había hecho un corte en el dedo índice, a causa de un fragmento de proyectil, que era parte de una estructura de hormigón. Se estremeció pensando en serpientes y esqueletos humanos alrededor de él en la húmeda oscuridad.
 
Tras un instante, su miedo se disipó. Cogió un cráneo con un agujero en la parte superior de la cabeza y lo envolvió en papeles de periódico, como si fuera una sandía. Escondió el cráneo en el ático, imaginando que sería como el habitáculo de un espectro. El fantasma del hombre ejecutado visitaría lo que le quedaba de cuerpo y quizás saldría con su cráneo por la noche para fumar cigarrillos y echar un melancólico vistazo.
 
Por la noche, mientras acudió al lugar donde dejó el cráneo, Iván lió un cigarrillo que había encontrado en la cuneta, fumó y tosió. No había señal alguna del fantasma e Iván se sintió desafiante. Tal vez no había fantasma, sólo almas y las almas se alejaban hacia el cielo o hacia el infierno. ¿Qué pasaría con la resurrección? Saboreaba el misterio en torno del cráneo.
 
Seguro de sí mismo, hizo una apuesta con varios chicos de su clase acerca de que él podría acostarse sobre los rieles bajo un tren en marcha. Un cuarto de hora antes de la hora prevista para que pasara el tren, se dirigió a la estación de tren y comprobó las vías en busca de cualquier objeto de metal, y no encontrando ninguna, se sintió lo suficientemente seguro como para tumbarse en ellas.
 
Cuando el tren apareció alrededor de la curva, pensó que podría haberse añadido otro vagón, con un gancho de metal colgante que aplastara lentamente su cráneo. Saltó de los rieles a la cuneta un segundo antes de que el tren le alcanzara. Los chicos se rieron de él. Iván los persiguió porque odiaba parecer ridículo, pero esto sólo hizo más grotesca la situación.
 
 
Josip Novakovich (Croata nacionalizado canadiense, 1956)

viernes, 27 de diciembre de 2013

Diciembre: LA ESFINGE DE LOS HIELOS, de Jules Verne


(Fragmento del capítulo XIX: El grupo desaparece)

A primera hora del viernes 27 de diciembre, la Halbrane puso el cabo al Suroeste.
 
El servicio de a bordo, marchó como de costumbre, con la misma obediencia y la misma regularidad. Entonces no era ni peligroso ni cansado. El tiempo era siempre bueno y la mar también. Si estas condiciones no transformaban los gérmenes de la insurrección, y yo lo esperaba, no encontrarían motivo para desarrollarse, y no habría dificultades. Además, el cerebro trabaja poco en las naturalezas groseras.
 
Los ignorantes no se abandonan nunca al fuego de la imaginación; encerrados en el presente, el porvenir no les preocupa.
 
Sólo el hecho brutal que les pone frente a la realidad les saca de su indiferencia.
 
¿Se produciría este hecho?
 
En lo que concierne a Dirk Peters, reconocida su identidad, ¿ no debía de cambiar nada en su manera de ser, y continuaría tan poco comunicativo como de costumbre? Debo hacer presente que, después de la revelación, los marineros no parecía que sentían repugnancia por motivo de las escenas del Grampus, excusables, después de todo, dadas las circunstancias. Además, ¿podía olvidarse que el mestizo había arriesgado su vida por salvar la de Martín Holt? No obstante, él continuó separado del resto, comiendo en un rincón, durmiendo en otro... navegando «al largo de la tripulación». ¿Tenía, pues, para conducirse de tal modo, algún otro motivo que ignorábamos, y que tal vez el porvenir nos haría conocer?
 
 
Jules Verne (Francia, 1828-1905)

jueves, 26 de diciembre de 2013

Págnas ajenas: SOMBRAS, de D. H. Lawrence

"... y así hacia el solsticio y el silencio de los días cortos..."

(Fragmento)

Y si, igual que el otoño se ahonda y se oscurece
siento el dolor de las hojas al caer y tallos que se rompen en las tormentas
y turbulencias y disolución y la zozobra
y luego, suaves sombras profundas plegándose, plegándose
sobre mi alma y mi espíritu, sobre mis labios
dulcemente, como un letargo, o más bien el estupor de una grave, triste canción
cantada más opacamente que el ruiseñor, y así hacia el solsticio
y el silencio de los días cortos, el silencio del año, la sombra,
sabré entonces que mi vida aún se mueve
con la oscura tierra y se humedece
en un profundo olvido, en el lapso de la tierra y su renovación.
 
 
D. H. Lawrence: David Herbert Lawrence (Inglaterra, 1885-1930)

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Páginas ajenas: CANTO LII, de Ezra Pound

"Cortad los árboles en el solsticio..."

(Fragmento)

El primer mes del invierno es ahora
el sol en la cola de Scorpio
al alba en Hydra, el hielo empieza
el faisán se zambulle en el Howai (el agua grande) y se convierte en una ostra
el arcoíris está escondido por algún tiempo.
El Hijo del Cielo se alimenta de cerdo asado y mijo,
gris acero son los corceles.
Este mes el invierno gobierna.
El sol está en el hombro del arquero
en la cabeza del cuervo al alba
el hielo se engruesa. La tierra se raja. Y los tigres ahora andan en celo.
Cortad los árboles en el solsticio y varas de flechas de bambú.
Tercer mes, patos silvestres van al norte, la urraca empieza a edificar.
El faisán alza el grito al Espíritu de las Montañas la temporada de la pesca se abre,
ríos y lagos profundamente helados
poned ahora hielo en vuestras hieleras,
el gran concierto de los vientos
llama a las cosas por sus nombres. El buen soberano por la distribución
El mal rey es conocido por sus impuestos.
 
 
Ezra Pound (Estados Unidos, 1875-1972)

lunes, 23 de diciembre de 2013

Páginas ajenas: SOLO A DOS VOCES, de Octavio Paz


"Solsticio de invierno:/ sol parado,/ mundo errante./ Sol desterrado,/ fijeza al rojo blanco."


(Fragmentos)

Si decir No
al mundo al presente
hoy (solsticio de invierno)
no es decir
decir es solsticio de invierno
hoy en el mundo
no
es decir
decir mundo presente
no es decir
¿qué es
Mundo Solsticio Invierno?
¿Qué es decir?
Desde hace horas
oigo caer, en el patio negro,
una gota de agua.
Ella cae y yo escribo.
Solsticio de invierno:
sol parado,
mundo errante.
Sol desterrado,
fijeza al rojo blanco.
...

Hoy es solsticio de invierno:
canta el gallo,
el sol despierta.
Voces y risas, baile y panderos,
sobre el suelo entumido
rumor de faldas de muchachas
como el viento corriendo entre espadañas,
como el agua que brota de la peña.
...

El diccionario
es un mundo no dicho:
de solsticio de invierno
a pascua de resurrección,
en dirección inversa
a las agujas del cuadrante...
...

La letra no reposa en la página:
memoria la levanta,
monumento de viento.
¿Y quién recuerda a la memoria,
quién la levanta, dónde se implanta?
Fuente de claridad, alumbramiento,
la memoria es raíz en la tiniebla.
Come tiniebla,
come olvido:
no lo que dices, lo que olvidas,
es lo que dices:
hoy es solsticio de invierno
en el mundo
hoy estás separado
en el mundo
hoy es el mundo
ánima en pena en el mundo.

 
 
Octavio Paz (México, 1914-1998). Obtuvo el premio Nobel en 1990.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Páginas ajenas: DIAS ÚNICOS*, de Boris Pasternak

"Y los amantes, como en un sueño..."

Recuerdo los días lejanos del solsticio
A lo largo de tantos inviernos
Cada uno fue irrepetible
Y se prolongó sin final.

Una absoluta alternación
Componía mal que bien
Aquellos días únicos, cuando
Nos parecía que el tiempo se iba.

Los recuerdo sin excepción:
Casi a la mitad del invierno,
Caminos húmedos, techos de lluvia,
El sol se calienta en los témpanos.

Y los amantes, como en un sueño,
Se palpan uno al otro, presurosos,
Y en lo alto de los árboles
Sudan de calor las hojas secas.

La pereza con flecha soñolienta
Da vueltas en el cuadrante
El día se alarga más que el siglo
Y el abrazo no termina.


Boris Pasternak (Rusia, 1890-1960). Obtuvo el premio Nobel en 1958.

* Este poema también ha sido traducido como Los días singulares, sin embargo, Días únicos es el título que se le ha dado a una antología poética de Pasternak al publicarse en español, y que coincide con la respectiva versión en inglés: Unique Days.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Páginas ajenas: EL HOBBIT, de J. R. R. Tolkien


- ¡Durin, Durin! --exclamó Thorin-. Era el padre de los padres de la más antigua raza de Enanos, los Barbiluengos, y mi primer antepasado: yo soy el heredero de Durin.

- Pero ¿cuándo es el Día de Durin? -preguntó Elrond.

- El primer día del Año Nuevo de los enanos -dijo Thorin-. Como todos sabéis sin duda, el primer día de la última luna otoñal, en los umbrales del invierno.

Todavía llamamos Día de Durin a aquel en que el sol y la última luna de otoño están juntos en el cielo. Pero me temo que esto no ayudará, pues nadie sabe hoy cuándo este tiempo se presentará otra vez.

- Eso está por verse -dijo Gandalf- ¿Hay algo más escrito?

- Nada que se revele con esta luna -dijo Elrond, y le devolvió el mapa a Thorin; y luego bajaron al agua para ver a los elfos que bailaban y cantaban en la noche del solsticio.

La mañana siguiente, la mañana del solsticio, fue tan hermosa y fresca como hubiera podido soñarse: un cielo azul sin nubes, y el sol que brillaba en el agua. Partieron entonces entre cantos de despedida y buen viaje, con los corazones dispuestos a nuevas aventuras, y sabiendo por dónde tenían que ir para cruzar las Montañas Nubladas hacia la tierra de más allá.


J. R. R. Tolkien (Escritor británico nacido en Sudáfrica, 1892-1973)

viernes, 20 de diciembre de 2013

NEVADA (del poemario Mitología del Olvido)

Paráfrasis de Noche y nieve,
de José Emilio Pacheco

Me despertó el silencio de la nieve
pedazos de cielo que se desplomaron
como impertinencias del olvido:
es el insomnio del tiempo
que refleja su vigilia perpetua
en un espejo de luz congelada.
Extenso jardín del invierno
tapizado de flores con pétalos de frío,
bajo la partitura silente de los copos
tengo más preguntas que respuestas.


Jules Etienne