.

.
Vancouver, luz de agosto en English Bay.

sábado, 28 de febrero de 2015

Tu boca: HORMIGAS, de Ramón López Velarde

"Antes que deserten mis hormigas, Amada, déjalas caminar camino de tu boca..."

A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.
 
 
Ramón López Velarde (México, 1888-1921)

viernes, 27 de febrero de 2015

Tu boca: MAÑANA, de Marià Manent

 
Has salido del sueño como del mar. Aún húmeda,
a los sueños sonríe tu boca, dulcemente.
Brilla el sol en la hierba, pero tu ves la plata
de la luna, que en el agua duerme-.
 
Una luz de esmeralda casi nubla tus ojos;
perfumes de aquel mar tiene tu fina arcilla;
y una gran perla pálida llevas bajo los bucles,
ondulados como alga tranquila.
 
 
Marià Manent i Cisa (Español, poeta en lengua catalana, 1898-1988)
 
(Traducido del catalán por José Corredor Matheos)

jueves, 26 de febrero de 2015

Tu boca: A ESTE LADO DEL PARAÍSO, de F. Scott Fitzgerald

"...el silencio muerto; el sonido aún no había despertado. ¡La vida crujía como el hielo! "

(Fragmento del capítulo Tom, el censor)

Las calles de febrero, barridas por el viento de noche, se llenan de extraños charcos casi intermitentes; las paredes..., arruinadas bajo el brillo de la nieve que chapotea bajo los faroles como aceite dorado de una divina máquina en una hora de estrellas y deshielo. 
 
Extraños charcos, llenos de ojos de muchos hombres, saturados de una vida en un momento de calma... Oh, yo era joven, porque podía volver a ti, más finita y más bella, para gustar los sueños apenas recordados, dulces y nuevos en tu boca:
 
Hubo un murmullo en el aire de la medianoche: el silencio muerto; el sonido aún no había despertado. ¡La vida crujía como el hielo! Una nota brillante, y aparecías tú, radiante y pálida..., e irrumpía la primavera... (Los pequeños carámbanos, en los aleros; y la vacilante ciudad se desvanecía.)
 
Nuestros pensamientos eran una helada niebla a lo largo de las cornisas; nuestros espectros se besaron allá en lo alto, entre un laberinto de cables; el eco de una risa apagada que sólo deja el vano suspiro de un deseo juvenil; a las cosas que ella amaba siguió una gran pena que sólo dejó su cascara.
 
 
Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940) 

miércoles, 25 de febrero de 2015

Tu boca: EL INTRUSO, de Delmira Agustini

"... y tiemblo si tu mano toca la cerradura..."

Amor, la noche estaba trágica y sollozante
cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
tu forma fue una mancha de luz y de blancura.
 
Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
bebieron en mi copa tus labios de frescura;
y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;
me encantó tu descaro y adoré tu locura.
 
¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas;
y si duermes, duermo como un perro a tus plantas!
¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;
 
y tiemblo si tu mano toca la cerradura;
y bendigo la noche sollozante y oscura
que floreció en mi vida tu boca tempranera.
 
 
       Delmira Agustini (Uruguay, 1886-1914)

martes, 24 de febrero de 2015

Tu boca: OTRO ABANICO DE MME. MALLARMÉ, de Stéphane Mallarmé

 
Oh soñadora: para que yo me sumerja
en la pura delicia sin camino,
sabe, por una sutil mentira,
guardar mi ala en tu mano.

Una frescura de crepúsculo
te llega a cada compás,
cuyo golpe prisionero hace retroceder
el horizonte delicadamente.

¡Vértigo! He aquí que se estremece
el espacio como un gran beso
que, loco de nacer para nadie
ni estalla al fin ni se apacigua.

¿Sientes el paraíso feroz,
lo mismo que una risa enterrada,
fluir del ángulo de tu boca
al fondo el pliegue unánime?

El cetro de las riberas rosas
estancado sobre las tardes de oro, éste lo es,
este blanco vuelo cerrado que tú dejas posarse
contra el fuego de un brazalete.
 
 
Stéphane Mallarmé (Francia, 1842-1898)
 
(Traducido del francés por Alfonso Reyes) 

lunes, 23 de febrero de 2015

Tu boca: CAMBIO DE PIEL, de Carlos Fuentes

"Franz miró un instante por el espejo y vio primero los ojos verdes de Isabel que lo miraban..."

(Fragmento)

Isabel trató de encontrar en el espejo del auto los ojos de Franz. Franz miró un instante por el espejo y vio primero los ojos verdes de Isabel que lo miraban y después el paisaje que se alejaba rápidamente. Isabel acercó su boca a la oreja de Javier.

- Dime. Repíteme eso.
- ¿Qué?
- Lo que me dijiste ayer. Que tengo dos caras.
- Dos rostros. Tu nariz divide al ángel y al demonio.
- Sí, sí...
- Cuando tus ojos son inocentes y claros, tu boca asume ese rictus...
- Sí, sí...
- Cuando tu boca se abre un poco, con asombro, con dulzura, tu mirada se venga...
- Dilo despacio, Javier...
- ... se vuelve dura y fría...
- ¿Por qué no escribes eso?
- Oh, Isabel, qué dices, ay...


Carlos Fuentes (México, 1928-2012)

domingo, 22 de febrero de 2015

Tu boca: ¡NO, NO DIGAS NADA!, de Fernando Pessoa

"Gracia del cuerpo desnudo que invisible se ve."

¡No: no digas nada!
Suponer lo que dirá
tu boca velada
es oírlo ya.
 
Yo oí lo mejor
de lo que dirías.
Lo que eres no viene a la flor
de las frases y los días.
 
Es mejor de lo que tú.
¡No digas nada: lo sé!
Gracia del cuerpo desnudo
que invisible se ve.
 
 
Fernando Pessoa (Portugal, 1888-1935)

sábado, 21 de febrero de 2015

Tu boca: CÓMO DEBES SER BESADO, de Erich Fried

"... tu pie, que hasta mí te trajo y que de mí te alejará."

Cuando te beso,
no es sólo tu boca,
ni tu ombligo,
ni tu regazo lo que yo beso.
 
También beso tus preguntas,
y tus deseos,
yo beso tus reflexiones,
tu incertidumbre,
y tu valentía,
tu amor por mi,
y la libertad que te ofrezco,
tu pie,
que hasta mí te trajo
y que de mí te alejará.
 
Te beso a ti,
como eres y como serás,
mañana y después,
y cuando los días conmigo
queden en el recuerdo.
 
 
Erich Fried (Nacido en Austria y fallecido en Alemania, 1921-1988)

viernes, 20 de febrero de 2015

Tu boca: LOS CORDOBESES EN CRETA, de Juan Valera

"Muéstrame tú la cara y yo en pago te enseñaré mis mejores riquezas."

(Fragmento)

En una tarde de primavera entró en el bazar de Abu Hafáz una dama tapada, acompañada de su sirvienta. Aunque él no le vio la cara, admiró la gracia y gallardía de su andar, la esbeltez y elegancia de su talle, cierto inefable prestigio seductor que como nimbo luminoso la circundaba, y la aristocrática belleza de sus blancas, lindas y bien cuidadas manos.
 
La dama quiso ver cuanto de más rico en el bazar había. Abu Hafáz, lleno de complacencia, fue ofreciendo ante sus ojos, y poniendo sobre el mostrador, mil extraños primores en joyas y en telas. Ella no se saciaba de mirarlas. Era muy curiosa. El mercader le dijo:
 
- Aún no te he mostrado, sultana, lo más espléndido y peregrino que mi tienda atesora.
 
- ¿Y para qué lo escondes y no me lo muestras? dijo ella.
 
- Porque soy interesado y no quiero trabajar en balde. Muéstrame tú la cara y yo en pago te enseñaré mis mejores riquezas.
 
La dama no se hizo mucho de rogar. Apartó el rebozo, y dejó ver el más bello y agraciado semblante que el mercader había podido ver o soñar en toda su vida. Agradecido y entusiasmado, trajo entonces perlas de Ormúz, diamantes de Golconda y tejidos de seda, venidos del Catay y bordados con tal esmero y maestría, que no parecía labor de seres humanos, sitio de hadas y de genios.
 
De la mejor y más estupenda de aquellas telas bordadas se prendó la dama incógnita, quiso comprarla, y pidió el precio.
 
- Es tan cara -dijo el mercader- que acaso no quieras o no puedas pagarla; pero si tienes buena voluntad, la tela te saldrá baratísima.
 
- Acaba. Di lo que me costará la tela.
 
- Pues un beso de tu boca -replicó el mercader.
 
Enojada la dama de aquella irrespetuosa osadía, se cubrió el rostro, volvió las espaldas a Abu Hafáz y salió del bazar seguida de su sierva.
 
Quiso el mercader seguirla para averiguar dónde moraba y quién era; pero la dama había desaparecido en el laberinto de las estrechas calles.
 
 
Juan Valera (España, 1824-1905)

jueves, 19 de febrero de 2015

Tu boca: SEDUCCIÓN, de Kushal Khan Khattak

"¡Toda el alma me roban tus pupilas negrísimas, y el reír de tu boca!"

Tus undosos cabellos,
que a tu rostro dan sombra,
a la espalda te caen
y fulgura radiosa
tu pupila brillante,
y se ríe tu boca.

Y me embriagan los ecos
de tu voz melodiosa,
como el vino aromático,
que se vierte en las copas:
¡y qué dulce es tu beso
y qué fresca es tu boca!

Y al mirar tus mejillas,
que son hojas de rosa,
mis pupilas contemplan,
fascinadas, absortas,
los hoyuelos formados
al reír de tu boca.

Y si alguno te acusa
de tirana imperiosa
es un hombre inconstante,
cuya fe, cual la onda,
si se pierde, no vale,
el reír de tu boca.

Y tu beso dulcísimo
cual la flor, tiene aroma;
el perfume del cáliz
con que embriaga la rosa,
y las almas seduces
al besar de tu boca.

Tus traiciones olvido,
¡es tu faz tan hermosa!
cuando dices mirándome:
"¡Mis pecados perdona!"
y se ríen tus ojos,
como ríe tu boca.

Mis amigos te llaman
desleal, veleidosa,
¡mas no hay otra tan bella!
¡Toda el alma me roban
tus pupilas negrísimas,
y el reír de tu boca!

Kushal Khan Khattak (Afganistán, 1613-1690)
(Traducido al español por Luis Castelló) 

miércoles, 18 de febrero de 2015

Tu boca: CANCIONES A GUIOMAR, de Antonio Machado


I
 
No sabía
si era un limón amarillo
lo que tu mano tenía,
o un hilo del claro día,
Guiomar, en dorado ovillo.
Tu boca me sonreía.
Yo pregunté: ¿qué me ofreces?
¿Tiempo en fruto, que tu mano
eligió entre madureces
de tu huerta?
¿Tiempo vano
de una bella tarde yerta?
¿Dorada ausencia encantada?
¿Copia en el agua dormida?
¿De monte en monte encendida,
la alborada
verdadera?
¿Rompe en sus turbios espejos
amor la devanadera
de sus crepúsculos viejos?
 
 
Antonio Machado (España, 1875-1939)

lunes, 16 de febrero de 2015

Tu boca: LAS FLORES DEL MAL, de Charles Baudelaire


XXVIII
La serpiente que danza
 
¡Cómo me agrada ver, querida indolente,
De tu cuerpo tan bello,
Como una estofa vacilante,
Reverberar la piel!
 
Sobre tu cabellera profunda,
De acres perfumes,
Mar oloroso y vagabundo
De olas azules y sombrías,
 
Cual navío que se despierta
Al viento matutino,
Mi alma soñadora apareja
Para un horizonte lejano.
 
Tus ojos, en los que no se revela
Nada dulce ni amargo,
Son dos joyas frías en las que se mezcla
El oro con el hierro.
 
Al verte marchar cadenciosa,
Bella en tu abandono,
Se diría una sierpe que danza
En el extremo de un bastón.
 
Bajo el fardo de tu pereza
Tu cabeza de niño
Se balancea con la molicie
De un joven elefante.
 
Y tu cuerpo se inclina y se estira
Cual un fino navío
Que rola bordeando y sumerge
Sus vergas en el agua.
 
Como un oleaje engrosado por la fusión
De los glaciares rugientes,
Cuando el agua de tu boca sube
Al borde de tus dientes,
 
Yo creo beber un vino de Bohemia
Amargo y vencedor,
¡Un cielo líquido que esparce
Estrellas en mi corazón!
 
 
Charles Baudelaire (Francia, 1821-1867)
 
(Traducido del francés por E. M. S. Danero)

domingo, 15 de febrero de 2015

Tu boca: RUBAYIAT, de Omar Khayyám


Nada me interesa ya. ¡Levántate para brindarme vino!
Tu boca, esta noche, es la rosa más bella del mundo...
Escancia vino ¡Que sea carmín como tus mejillas
y mis remordimientos, ligero como tus bucles!
 
 
Omar Khayyám (Persia, 1048-1131)

(Traducido al español por Félix E. Etchegoyen) 

sábado, 14 de febrero de 2015

Tu boca: RAYUELA, de Julio Cortázar



Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabiera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
 
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios , apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


Julio Cortázar (Argentino nacido en Bruselas, Bélgica, en 1914; fallecido en París, Francia, en 1984).

viernes, 13 de febrero de 2015

Tu boca: POESÍA DE AMOR, de Alfonso Gatto

"... y se entreabre la aridez de tu boca como la noche con su mismo aliento."

Oh dilatadas noches del estío,
conturbadas apenas por los claros
filtros de las ternuras; en desvelo
tu rostro –vivo sueño- entre mis manos.
 
Llegas del más allá, vienes lejana
lo mismo que tus ojos,
y desde el viento, forma de tu alma.
 
Besas, perdidamente besas loca;
y se entreabre la aridez de tu boca
como la noche con su mismo aliento.
 
Vives entonces; vives alma y cuerpo,
y existes en un sueño verdadero,
y vives desde que te he soñado.
 
Bellos con la belleza de tu rostro
-te digo al oprimirte- son los sueños,
y lejanos también como tus ojos.
 
¡El alma es sólo invocación al beso!
 
 
 Alfonso Gatto (Italia, 1909-1976)

jueves, 12 de febrero de 2015

Tu boca: DESEO, de Xavier Villaurrutia

"Amarte a flor de boca..."

Amarte con un fuego duro y frío.
Amarte sin palabras, sin pausas ni silencios.

Amarte sólo cada vez que quieras,
y sólo con la muda presencia de mis actos.

Amarte a flor de boca y mientras la mentira
no se distinga en ti de la ternura.

Amarte cuando finges toda la indiferencia
que tu abandono niega, que funde tu calor.

Amarte cada vez que tu piel y tu boca
busquen mi piel dormida y mi boca despierta.

Amarte por la soledad, si en ella me dejas.
Amarte por la ira en que mi razón enciendes.
 
Y más que por el goce y el delirio,
amarte por la angustia y por la duda.
 
 
Xavier Villaurrutia (México, 1903-1950)

miércoles, 11 de febrero de 2015

Tu boca: LA HORDA, de Vicente Blasco Ibáñez

"... una mejilla es violeta, y la otra ámbar."

(Fragmento del capítulo 5)

- No; vámonos -murmuró la muchacha-. Fuera de aquí hablaremos; gritaré lo que quieras. ¡Quererse por primera vez en un cementerio!... Esto da mala sombra; acabaremos mal. Vámonos, Isidro.

Tiraba de él poseída de un terror infantil, y el joven la siguió. Pero al pasar bajo el arco que daba entrada al ábside, Isidro la detuvo, lanzando una exclamación de asombro.

La luz de la vidriera envolvía a Feli. Era una faja de colores palpitantes, que abarcaba a la joven de pies a cabeza, haciendo temblar todo su cuerpo, como si estuviese formado con las tintas del iris.

- ¡Qué bonita! -exclamó Maltrana con arrobamiento. -¡Si pudieras verte!... Tienes la falda verde y el pecho azul. Tu boca es de color naranja; una mejilla es violeta y la otra ámbar. Parece que tengas claveles en la frente.

Feli permanecía inmóvil, sonriendo con femenil complacencia, gozosa de que su novio la viera tan bella. Sentía la caricia del rayo mágico del sol; entornaba los ojos, cegada por la ola de dolores que palpitaba en sus ropas y en su carne. El halago de la coquetería disipaba su miedo al cementerio con esa facilidad que tienen las mujeres para el olvido cuando se sienten acariciadas en su vanidad.

Algo más que el contacto de la luz sintió de pronto Feli. Su novio la estrujaba otra vez, pero con mayores arrebatos, sin que ella intentase resistir.
 
- Deja que bese ese amarillo de oro... Ahora, el morado; ahora el azul... el rosa de tu frente... el heliotropo de tus labios... las violetas de tus ojos.
 
Caían los besos sobre ella como una lluvia sonora con chasquidos de pasión, que agrandaba el eco del cementerio.
 
Feli envolviáse entre sus brazos, intentando en vano librarse de ellos. Al moverse, los colores cambiaban de sitio, pasando de una parte a otra de su cuerpo adorable. Todos los resplandores de la luz desfilaban por su boca. Maltrana no perdonó uno: quiso saborearlos todos, en medio de aquella gloria de colores que envolvía su amoroso grupo.
 
Feliciana cerraba los ojos, estremecida por el chaparrón de besos, vibrando si virgen sensibilidad con el apretón de los masculinos brazos, sintiéndose próxima a caer al suelo como si las piernas temblorosas no pudiesen sostenerla, murmurando entre suspiros dulces:
 
- Basta... déjame... Que me matas; que grito... Asesino.
 
 
 Vicente Blasco Ibáñez (España, 1867-1928)

martes, 10 de febrero de 2015

Tu boca: NUEVA PRIMAVERA, de Heinrich Heine

"Cuando mañana estas rosas ya deshojadas te enseñe." 
 
XXXI
 
Tras mucho tiempo extinguidas,
En mi corazón florecen
Las que alumbraron mi vida
Imágenes sonrientes:
¿Qué hay en tu voz, que mi alma
De tal modo se estremece?
 
¡No digas, no, que me adoras!
¡No digas, no, que me quieres!
Yo sé que todo lo hermoso
Que sobre la tierra crece,
Amores y primavera,
Por destino horrible deben
Perecer en breve plazo.
Morir en término breve!
 
¡No digas, no, que me adoras!
¡No digas, no, que me quieres!
Cierra tu boca, bien mío,
Y abrázame solamente.
Cierra tu boca y sonríe,
Sonríe feliz y alegre
Cuando mañana estas rosas
Ya deshojadas te enseñe.
 
 
Heinrich Heine (Alemania, 1797-1856)

lunes, 9 de febrero de 2015

Tu boca: ROMEO Y JULIETA, de William Shakespeare


 (Fragmento de la escena V del primer acto)

Romeo: Entonces, santa, mi oración te invoca: suplico un beso por mi salvación. 

Julieta: Los santos están quietos cuando acceden.

Romeo: Pues, quieta, y tomaré lo que conceden. (La besa). Mi pecado en tu boca se ha purgado. 

Julieta: Pecado que en mi boca quedaría.

Romeo: Repruebas con dulzura ¿Mi pecado? ¡Devuélvemelo!

Julieta: Besas con maestría.

(Versión rimada)


Romeo: ¡Entonces, dulce santa, que los labios hagan también lo que las manos hacen! ¡Ellos ruegan, concédeles la gracia y así no desesperen de su fe!

Julieta: ¡Los santos no se mueven, aunque otorguen!

Romeo: ¡Entonces no te muevas, que mis ruegos van a obtener la gracia que esperaban! ¡Ahora por la gracia de tu boca quedan mis labios libres de pecado! (La besa). (Dura la canción).
 
Julieta: ¡Ahora tu pecado está en mis labios!
 
Romeo: ¿Pecado de mis labios? ¡Que culpa deliciosa me reprochas! ¡Tienes que devolverme mi pecado!
 
Julieta: Besas por devoción... (Entra el Ama).

(Versión de Pablo Neruda) 


William Shakespeare (Inglaterra, 1564-1616)

domingo, 8 de febrero de 2015

Tu boca: ¡OH MI ADORADA NIÑA!, de Rubén Darío

 
¡Oh mi adorada niña!
Te diré la verdad:
Tus ojos me parecen
brasas en un cristal;
tus rizos, negro luto,
y tu boca sin par,
la ensangrentada huella
del filo de un puñal.


Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916)

sábado, 7 de febrero de 2015

Tu boca: POR EL LITORAL DE TU PATRIA DISTANTE, de Aleksandr Pushkin

"... tú, en el último sueño te has dormido, tu hermosura y tu dolor se han ido para en una tumba reposar..."

Por el litoral de tu patria distante
abandonaste esta tierra extranjera.
En la triste hora sin olvido,
he llorado sin reposo ante ti
el dolor de esta gran pena.
Mientras mis manos heladas
se aferraban inútiles a tu vida
tratando con ansia de prolongar
el momento de la despedida.
Tus labios se despegaron de mi abrazo
y arrancaste tu boca de la mía.
Desde el país sombrío
del exilio, me decías:
Allí nos reuniremos, amor,
a la sombra de los viejos olivos
bajo el eterno azul de un cielo en resplandor.
Mas en ese lejano país
donde brillan los días sin olvido,
y las olas duermen junto a los acantilados,
tú, en el último sueño te has dormido,
tu hermosura y tu dolor se han ido
para en una tumba reposar,
también ese beso del encuentro...
¡He de esperarlo, porque me lo has de dar!
 
 
Aleksandr Pushkin (Rusia, 1799-1837)

(Versión al español de Sergio Paratov)

viernes, 6 de febrero de 2015

Tu boca: LAS MIL Y UNA NOCHES (de la noche 145)

"¡Dinos algunas palabras de los animales y las aves! ¡Deben ser exquisitas, sobre todo repetidas por tu boca!"
 
(Fragmento)

Pero cuando llegó la noche 145...

Después se calló Scherezada.

Entonces el rey Schahriar la miró por primera vez con ternura, y  le dijo:

"¡Oh Scherezada, la muy discreta! ¡Cuánta razón tiene tu hermana, esa pequeña que te está escuchando, cuando dice que tus palabras son deliciosas por su interés y sabrosas por su frescura! Empiezas a  hacerme lamentar la matanza de tanta joven, y acaso hagas que olvide , el juramento que hice de matarte como a todas las otras".

Y la pequeña Doniazada se levantó del tapiz en que había estado escuchando, y exclamó: "¡Oh hermana mía! ¡Cuán admirable es esa historia! ¡Y cómo me han encantado Nozhatú y sus palabras, y las palabras de las jóvenes! ¡Y qué contenta estoy con la muerte de la Madre de todas las Calamidades! ¡Cuán maravilloso es todo eso!"

Entonces Scherezada miró amorosamente a su hermana, sonrió, y le dijo: "¿Qué dirías entonces si oyeras las palabras de los animales y las aves?"

Y Doniazada exclamó: "¡Ah hermana mía! ¡Dinos algunas palabras de los animales y las aves! ¡Porque deben ser exquisitas, sobre todo repetidas por tu boca!"

Y Scherezada dijo: "¡Con toda la voluntad de mi corazón! ¡Pero no sin que antes me lo permita nuestro señor el rey!"

Y el rey Schahriar quedó extraordinariamente asombrado, y preguntó: "¿Pero qué podrán decir los animales y las aves? ¿En qué lengua hablan?" Y Scherezada dijo: "Hablan en prosa y en verso, expresándose en árabe puro". Entonces el rey Schahriar exclamó: "¡Oh Scherezada! Nada quiero decidir todavía acerca de tu suerte, sin que me hayas contado esas cosas que desconozco. Porque hasta ahora no he oído más que palabras de los humanos, y me alegraría muchísimo saber lo que piensan esos seres a quienes no entienden la mayoría de los hombres".

Y como iba transcurriendo la noche, Scherezada rogó al rey que aguardase hasta el día siguiente. El rey Schahriar, a pesar de la impaciencia que sentía, se avino a darle su consentimiento. Y cogiendo en brazos a la bella Scherezada, se enlazaron hasta que brilló la mañana del otro día.

Anónimo
 
La ilustración corresponde a Sherezada y el sultán (detalle), 1878, de Alfred Choubrac. 

jueves, 5 de febrero de 2015

Tu boca: ODA A SU QUERIDA, Pierre de Ronsard

"Entrelazados, nos haremos los lascivos, en el estilo de los amantes, que retozan libres en la cama..."

Mientras en el templo estemos
Arrodillados, nos haremos
Los devotos, siguiendo el modo
De los que a Dios van a alabar,
Inclinados en el lugar
De la iglesia el más remoto.

Pero cuando en el lecho estemos
Entrelazados, nos haremos
Los lascivos, en el estilo
De los amantes, que retozan
Libres en la cama, y allí gozan
Cuando se hacen cien cumplidos.

¿Por qué, entonces, cuando quiero
O morder tu hermoso pelo,
O besar tu boca amada,
O acariciar tu bello seno,
Te haces la monja como siendo
En un convento encerrada?

¿Para quién guardas estos ojos
Y tus senos deliciosos,
Tu bella boca y tus mejillas?
¿Deseas besar a Plutón
Cuando allí tan lejos Carón
Te haya llevado en su barquilla?

Endeble, después de tu muerte
Sólo tendrás allende en suerte,
Una boquita desvaída:
Y estando muerta te veré
Mas a las sombras no diré
Que antaño fuiste mi querida.

Sin piel será ya tu figura,
Y de este rostro y su hermosura,
Ya ni las venas quedarán.
Sólo dientes tendrás apenas,
Como se ve en las calaveras
Que en el cementerio están.

Por eso, mientras tengas vida
Cambia de parecer, querida,
Y no me escatimes tu boca:
Incontinente morirás,
Entonces te arrepentirás,
Por haberme sido hosca.

¡Ah, que desfallezco; ah, bésame!
¡Ah, querida mía, acércate!
Huyes cual cervato pequeño,
Sufre que al menos se solace
Mi mano un tanto entre tus senos,
O más abajo, si te place.


Pierre de Ronsard (Francia, 1524-1585) 

 (Traducido al español por Sonia Mabel Yevara)

miércoles, 4 de febrero de 2015

Tu boca: SONETO, de Francisco de Quevedo

"... que en tu boca es milagrosa aura que nace con facción de beso."

A una dama que apagó una bujía,
y la volvió a encender en el humo soplando

La lumbre, que murió de convencida
con la luz de tus ojos, y apagada,
por si en el humo se mostró enlutada,
exequias de tu llama ennegrecida.

Bien pudo blasonar su corta vida,
que la venció beldad tan alentada,
que con el firmamento en estacada
rubrica en cada rayo una herida.

Tú, que la diste muerte, ya piadosa
de tu rigor, con ademán travieso
la restituyes vida más hermosa.

Resucitóla un soplo tuyo impreso
en humo, que en tu boca es milagrosa
aura que nace con facción de beso.

 
Francisco de Quevedo (España, 1580-1645)