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Vancouver, atardecer en English Bay.

martes, 28 de julio de 2015

Venecia: CASANOVA, de Stefan Zweig

 
(Fragmento)
 
Ninguna mujer puede retenerlo mucho tiempo en sus brazos, ninguna regla puede persuadirlo de permanecer entre las fronteras de cualquier país, ninguna ocupación puede importarle más allá de un período breve. Escapa de los calabozos en Venecia porque prefiere poner en riesgo su vida a dejar que las cosas se tornen amargas. Todos sus talentos, todas sus habilidades, todos sus poderes, todo su valor y su genio, para mantenerse día tras día a merced de la fortuna, su diosa. Esa es la razón por la que su existencia permanece tan mutable como el agua que corre, ahora aparece ante una fuente espumosa que brilla bajo el sol, ahora es el torrente de una cascada que se precipita ominosa en el abismo más oscuro. De la mesa de un príncipe, de la vida fácil de un manirroto con dinero en la bolsa hasta aquel que sólo puede conseguir comida empeñando su abrigo, de seductor a rufián, se mueve siempre con ligereza gracias al espíritu de su naturaleza mercurial, carece de sentido común en los días de buena fortuna y permanece ecuánime ante la adversidad, siempre lleno de valor y confianza.
 
 
Stefan Zweig (Austria, 1881-1942)

lunes, 27 de julio de 2015

Venecia: LA AMANTE DE BOLZANO, de Sándor Márai

"... los gondoleros se apoyaban en sus largos remos, discutían los detalles de su fuga..."
 
(Fragmento inicial del capítulo La noticia)

Durmieron asustados, roncando, jadeando y resoplando. Y mientras dormían sentían que algo les estaba ocurriendo. Sentían que alguien rondaba la posada; que alguien les dirigía la palabra y que tenían que responder como nunca habían respondido. La pregunta que el desconocido les dirigía era altiva, descarada, violenta y, por encima de todo, temeraria y triste. Sin embargo, por la mañana, al despertar, ya no se acordaban de ella.

 Mientras dormían, volaba la noticia de que él había llegado, de que se había fugado de los Plomos, de que se había escapado en góndola de su ciudad natal a plena luz del día, tomándoles el pelo a todas sus excelencias, a todos los temibles señores de la Inquisición, a Lorenzo, el guardia de la prisión; se decía que había ayudado a fugarse al fraile que había colgado los hábitos, que se había escapado de la fortaleza del dux, que lo habían visto en Mestre, regateando con el cochero de una diligencia, y en Treviso, tomando vermut en un café, e incluso un campesino juró haberlo visto en medio de los prados, donde hechizaba a las vacas. Voló la noticia por los palacetes de Venecia y por las tabernas de la periferia; los cardenales y los ilustres senadores, los verdugos y los policías, los espías y los tahúres, los amantes y los maridos, las muchachas en misa y las mujeres en sus cálidas camas se reían y gritaban: «Jo, jo, jo!» O bien se carcajeaban, todos contentos: «Ja, ja, ja!» O ahogaban sus risas en la almohada o en el pañuelo, y exclamaban: «Ji, ji, ji!» Todos estaban contentos de que se hubiese fugado. La noche siguiente le comunicaron la noticia al papa, que se acordaba de él, y se acordó también de que un día le había impuesto personalmente una condecoración menor, y se rió con la noticia. Se difundió ésta por toda Venecia; los gondoleros se apoyaban en sus largos remos, discutían los detalles de su fuga con todo tipo de comentarios entendidos, y se alegraban con ella, se alegraban porque él era veneciano, porque había burlado la autoridad y el poder, y se alegraban porque alguien hubiese sido más fuerte que la tiranía, más fuerte que las piedras y las cadenas, más fuerte que el tejado de placas de plomo. Hablaban en voz baja, escupían en el agua y se frotaban las manos, muy felices. La noticia volaba, y todos sentían cierto calor en el corazón. «¿En realidad qué había hecho?», se preguntaban. Había jugado a las cartas. Dios mío, quizá no jugaba del todo limpio, hacía saltar la banca en todos los tugurios por donde pasaba, jugaba disfrazado con una máscara, aliado con tahúres profesionales. Pero, después de todo, ¿quién no había hecho una cosa así en Venecia? Por las noches daba una paliza a los que lo habían delatado y seducía a las mujeres para llevárselas fuera de la ciudad, a Murano, a una casa que tenía alquilada... Pero ¿quién no hacía tal cosa, sobre todo siendo joven, en Venecia? Era descarado, hablaba mucho, hablaba demasiado... Pero ¿quién callaba en Venecia?

 
Sándor Márai (Húngaro nacionalizado estadounidense, 1900-1989)

domingo, 26 de julio de 2015

Venecia: MEMORIAS (Historia de mi vida), de Giacomo Casanova

"... después de lo cual el jefe de los arqueros me llevó a la terrible cárcel de los Plomos."

(Fragmentos del capítulo 11)

Era al anochecer, día 25 de julio de 1755.

Al día siguiente, al despuntar el día, entra en mi cuarto el terrible messer-grande. Despertar, verle y oírle preguntar si yo era Giacomo Casanova, fue hecho en un instante.

- Sí; yo soy Casanova -dije.
 
* * *
Mientras tanto yo me vestía sin darme cuenta de ello. Me puse una camisa con encajes y mi hermosa casaca nueva, casi maquinalmente, y sin que el messer-grande, que no dejaba un momento de observarme, tomase a mal que yo me vistiese como si acudiera a una fiesta. Me hicieron entrar en una góndola, con una escolta de cuatro hombres, después de lo cual el jefe de los arqueros me llevó a la terrible cárcel de los Plomos.

* * *
El último día de setiembre pasé la noche sin dormir, y me hallaba impaciente por ver el nuevo día, tan seguro estaba de recuperar aquel día mismo la libertad. Expiraba el poder de quienes me habían encerrado; pero amaneció, y nada sucedió. Permanecí cinco o seis días en la desesperación y deduje que se habían propuesto tenerme allí toda mi vida. Esta espantosa idea me hizo reír, pues me sentía capaz de abreviar mi prisión a mi antojo, empeñándome en escapar o en hacerme dar muerte. A principios de noviembre concebí seriamente el proyecto de escaparme y desde aquel momento no tuve más idea que ésta. Concebí cien medios a cual más atrevido, pero siempre un nuevo plan me hacía desechar aquel a que acababa de pergeñar. Durante ese laborioso trabajo imaginativo sucedió un singular acontecimiento que me hizo comprender el triste estado de mi espíritu. Me hallaba de pie en el desván mirando hacia el ventanillo. De pronto vi una gruesa viga del techo que se inclinaba hacia la derecha y que por un movimiento contrario pero lento e interrumpido, volvía a su posición primera. Como al mismo tiempo yo había perdido el equilibrio, comprendí que era una sacudida, un temblor de tierra. Laurencio y los esbirros, que en aquel momento salían de mi calabozo, dijeron que también habían experimentado un movimiento de oscilación. La disposición de mi ánimo era tal que este hecho me causó un sentimiento de alegría que sentí en mi interior sin decir una palabra. Cuatro o cinco segundos después se produjo la misma oscilación y no pude menos de exclamar:

- ¡Otra, otra, gran Dios, pero más fuerte!

Los arqueros, espantados de lo que les parecía la impiedad de un loco desesperado, huyeron despavoridos. Entre los acontecimientos posibles, pensaba yo, está el derrumbe del palacio ducal, lo que ayudará a que recupere mi libertad. En la situación en que me encontraba, casi nada es la vida y la libertad lo es todo; de hecho, es que sentía que empezaba a volverme loco.
 
 
Giacomo Casanova (Italiano, 1725-1798)
 
La ilustración corresponde a la Cárcel de los Plomos en el Palacio Ducal de Venecia.

sábado, 25 de julio de 2015

Venecia: EL ANATOMISTA, de Federico Andahazi

"Diez años de educación y cuidados habían dado su fruto: era la mujer más bella de Venecia."

(Fragmento del capítulo El hacedor)
 
II 

Mássimo Troglio —en su virtud, o quizás a su pesar— hizo de Mona Sofía su obra más sublime. Diez años de educación y cuidados habían dado su fruto: era la mujer más bella de Venecia. El Hacedor supo ser paciente; cuando su pupila cumplió los trece años le anunció que había llegado la hora de la iniciación. Mona fue presentada en sociedad en la festa di graduazione que, todos los años, Mássimo Troglio daba en su palacio. Se trataba de una emotiva ceremonia en la cual cada graduada recibía el nombramiento de funcionaría pública de manos de algún notable del Estado de la República. Cuando Mona Sofía fue anunciada, sobrevino un silencio hecho de veneración y estupor. La Venus de Médici era una rústica campesina comparada con aquella mujer que acababa de trasponer la puerta del salón.
 
Desde todos los puntos de Europa llegaban nobles señores hasta la Scuola y pagaban verdaderas fortunas. En menos de seis meses, Mássimo Troglio había recuperado hasta el último ducado invertido en su pupila. En el curso del primer año, el Hacedor quintuplicó el total de su inversión. El cuerpo de Mona Sofía había incrementado el patrimonio de Mássimo Troglio en... ¡dos mil ducados!
 
 
Federico Andahazi (Argentina, 1963) 

viernes, 24 de julio de 2015

Venecia: EL DIABLO ENAMORADO, de Jacques Cazotte

"¿Por qué le haces observar tan austero retiro? No se le ve nunca por Venecia."
 
(Fragmento del capítulo VII)

El juego dejó de ofrecerme una disipación atractiva. El faraón, que me gustaba apasionadamente, al no estar sazonado por el riesgo, había perdido todo lo que de picante tenía para mí. Las mascaradas del carnaval me aburrían; los espectáculos me parecían insípidos. Aunque hubiera tenido el corazón lo suficientemente libre como para desear establecer relaciones con mujeres de alto linaje, me hallaba desanimado de antemano por la languidez, el ceremonial y la obligación del cortejo. Me quedaba el recurso de los casinos de los nobles, donde ya no quería jugar, y el trato con las cortesanas.
 
Entre las mujeres de esta última especie, había algunas más distinguidas por la elegancia de su fasto y la jovialidad de su compañía que por sus atractivos personales. Encontraba en sus casas una libertad real de la que me gustaba gozar, una alegría ruidosa que podía aturdirme si no llegaba a agradarme, un abuso continuo de la razón que me libraba por algunos momentos de las trabas de la mía. Me mostraba galante con todas las mujeres de este género en cuyas casas era admitido, sin abrigar proyectos respecto a ninguna; pero la más célebre de ellas tenía planes respecto a mi persona que pronto se manifestaron. La llamaban Olimpia. Tenia veintiséis años, mucha belleza, talento y gracia. Pronto me dejó percibir el gusto que sentía por mí y, sin sentirlo yo por ella, me puse en sus manos para liberarme en cierto modo de mí mismo. Nuestra relación comenzó bruscamente y, como no hallaba en ella muchos encantos, juzgué que terminaría de la misma manera y que Olimpia, aburrida de mis desatenciones para con ella, buscaría pronto un amante que le hiciese mayor justicia, tanto más cuanto que nuestro vínculo se basaba en la pasión más desinteresada; pero muy otra fue la decisión de nuestro planeta. Para castigar a esta mujer soberbia e impulsiva, y para sumirme en problemas de otra índole, era necesario que ella concibiese un amor desenfrenado hacia mi persona.
 
Ya no era dueño de regresar por la noche a mi posada y me agobiaban durante el día sus billetes, mensajes y vigilantes.
 
Se quejaba de mi frialdad. Sus celos, que aún no habían encontrado un objeto preciso, se volcaban en todas las mujeres que podían atraer mis miradas, y me habría exigido incluso descortesías hacia ellas si hubiese podido hacer mella en mi carácter. Me disgustaba aquel tormento perpetuo, pero había que vivir en él. De buena fe buscaba amar a Olimpia por amar algo y distraerme del gusto peligroso que me conocía. Entre tanto, una escena más viva aún se preparaba.
 
En mi posada me veía sometido a secreta vigilancia por órdenes de la cortesana.
 
«¿Desde cuándo –me dijo un día– tienes a ese hermoso paje que tanto te interesa, a quien dispensas tantas atenciones y a quien no dejas de seguir con los ojos cuando su servicio lo llama a tus habitaciones? ¿Por qué le haces observar tan austero retiro? No se le ve nunca por Venecia.
 
– Mi paje –respondí– es un joven bien nacido de cuya educación me he hecho cargo. Es...
 
– Es, traidor –replicó ella con los ojos inflamados de ira, ¡es una mujer! Uno de mis espías lo ha visto mientras se aseaba por el agujero de la cerradura.
 
– Te doy mi palabra de honor de que no es una mujer.
 
– No añadas la mentira a la traición. Esa mujer lloraba, la han visto; no es feliz. No sabes más que atormentar los corazones que se te entregan. Has abusado de ella, como abusas de mí, y la abandonas. Devuelve a sus padres a esa joven; y si tus prodigalidades no te permiten hacerle justicia, la obtendrá de mi parte. Le debes un destino: yo se lo daré; pero quiero que desaparezca mañana.
 
– Olimpia –repliqué lo más fríamente posible–, te he jurado, te lo repito y te juro otra vez que no es una mujer. Ojalá lo fuera.
 
– ¿Qué quieren decir esas mentiras y ese "ojalá lo fuera”, monstruo? Devuélvela, te digo, o... Pero tengo otros recursos; te desenmascararé y ella sí se avendrá a razones, si tú no eres capaz de hacerlo.»
 
Superado por tal torrente de injurias y de amenazas, pero simulando no estar afectado, me retiré a mi casa, aunque ya era tarde. Mi llegada pareció sorprender a mis criados y, sobre todo, a Biondetta: mostró cierta inquietud por mi salud: respondí que no estaba alterada en absoluto.
 
No le hablaba casi nunca desde mi relación con Olimpia y no había habido ningún cambio en su conducta para conmigo, pero sí en sus rasgos: había en el tono general de su fisonomía un matiz de abatimiento y de melancolía.
 
Jacques Cazotte (Francia, 1719-1792)

jueves, 23 de julio de 2015

Venecia: LA CORTESANA HONESTA, de Margaret Rosenthal


(Fragmento del capítulo Acerca de Venecia: las cartas familiares de Franco)

Si bien los poemas ocasionales de Verónica Franco celebran la armonía social, la pureza, y la virtud colectiva exaltada por los humanistas venecianos en sus elegías de la república serenísima, las alabanzas patrióticas en sus misivas personales revelan, en cambio, un doble filo. En el centro de sus Cartas familiares a diversos, denuncia de manera vehemente la hipocresía de una retórica política y social que aboga en favor de las restricciones personales y la autodisciplina colectiva con el propósito del bien común, mientras que simultáneamente niega libertades personales cruciales para los ciudadanos venecianos. En su carta 22, Franco escribe de cortesana a cortesana; desafía esas creencias indirectamente al exponer las dificultades que una mujer veneciana empobrecida tiene que enfrentar cuando se trata de decidir el futuro de su hija. En la carta de Franco se advierte implícito el hecho de que dichas mujeres carecen de la libertad necesaria, los medios económicos y la posición social para poder tomar las decisiones correctas. Las inequidades, sugiere Franco, están camufladas por la idealización de códigos de conducta que se mantienen ciegos a las necesidades individuales. Perteneciendo a una clase inferior y por razones de género, sostiene, muchas mujeres venecianas son puestas en una posición moralmente precaria que compromete su dignidad humana, su libertad personal y sus creencias individuales. Pero lo más esclavizante de la condición humana, según ella, no sólo proviene del hecho de convertirse en el objeto de la voluntad de otro, sino también al ser despojado de la propia libertad de elección.
 
 
Margaret F. Rosenthal (Estadounidense nacida en Roma, 195?)
 
La ilustración corresponde a un detalle del Retrato de Verónica Franco (1575), de Jacopo Tintoretto.

domingo, 19 de julio de 2015

Venecia: LA GÓNDOLA DE LAS QUIMERAS, de Maurice Dekobra

"... todo se iluminará a la hora de los cohetes y bajo los soles de un fuego artificial."

(Fragmento sobre la fiesta del redentor, el tercer domingo de julio)

La noche del redentor. Son las once. Toda Venecia se esparce sobre la laguna. Estos racimos humanos apretados en las góndolas desde las que pavonean sus farolas, se deslizan sobre el agua congestionando el camino, estorbando los canales, asediando las estacadas. Las proas se dirigen hacia la Giudecca, rumbo al domo austero de la iglesia del Redentor, polo magnético de la fiesta; todo se iluminará a la hora de los cohetes y bajo los soles de un fuego artificial. Las barcas circulan por el Gran Canal debajo del puente construido especialmente para esta gala anual.

 
Maurice Dekobra (Francia, 1885-1973)

(Traducido del francés por Jules Etienne)

sábado, 18 de julio de 2015

Venecia: HONESTO Y AGRADABLE ENTRETENIMIENTO DE DAMAS Y GALANES (Le piacevole notti), de Gianfranceso Straparola

"... en la ínclita Venecia, una deshonesta viudilla llamada Policena, moza hermosa y bien dispuesta..."

(Fragmento de la fábula quinta)

Hubo, virtuosas damas y honestos caballeros, no mucho tiempo ha en la ínclita Venecia, una deshonesta viudilla llamada Policena, moza hermosa y bien dispuesta, tan baja en linaje como vil en condición y trato. La cual durante el matrimonio tuvo un hijo llamado Pánfilo, mancebo ingenioso, de buenas costumbres e inclinado a la virtud. Y porque, como arriba dije, Policena era moza hermosa y de buena gracia, agradable a la vista y en extremo bizarra, aunque en traje y hábito de viuda, era asimismo solicitada de los más principales de la ciudad, y a pocas tretas entregaba su belleza al que la amaba o pretendía. Ciega la pobre en este torpe vicio, no solamente se contentaba de uno ni dos amadores, (yerro y maldad casi digna de perdón por ser cometida en la floreciente juventud y loca fantasía) mas era tan disoluta y fácil en el libidinoso pecado que verdaderamente era retrato natural de la torpe y venérea lujuria, posponiendo esta malvada el honor del ya difunto marido y la codiciosa honra del virtuoso hijo.
 
Tenía ya noticia y verdadera inteligencia Pánfilo del torpe vicio y trato de su perversa madre, y metido el pobre gentilhombre en apasionada imaginación sobre el remedio de este vicio, muchas veces se hallaba alcanzado de paciencia con supuesto de cometer un grave y atroz delito que satisficiera su honor y vengase su afrentosa deshonra, que gravemente atormentaba su corazón y afligía su ánima. 
 
Engolfado algunos días en el tempestuoso mar de este tormento y cuidado el desdichado mozo, no pudiendo sufrir ni soportar el ignominioso descuerno, muchas veces determinó matar a su madre. Pero considerando el racional ser que de ella había recibido y que el gusano de la conciencia labraba, y remordiendo en su corazón le iba a la mano determinó, apartado ya de todo punto de esta engañosa y mala imaginación, el cuitado Pánfilo apartarla con palabras y amorosas reprehensiones de su vicio.



 Gianfrancesco Straparola: Giovanni Francesco Straparola (Italia, 1480-1557)
 
(Versión al español actual de Jules Etienne sobre la traducción original de Francisco Truchado, de 1578, que reduce la obra a doce noches luego de expurgar todo lo que se consideraron obscenidades e irreverencias. Su título debió ser Las noches de placer o Las noches placenteras. En inglés se le conoce como The Pleasant Nights).

viernes, 17 de julio de 2015

Venecia: SONETOS VENECIANOS, de August von Platen

 
 Laberinto de puentes y callejas
que se entrelazan una y mil veces
¿Cómo osaré en su enredo introducirme?
¿Cómo desentrañar su gran misterio?
 
Subiendo por la torre de San Marcos
encuentra la mirada campo libre
y de las maravillas que me envuelven
surge la imagen, se apartan los muros.
 
Saludo allá al azul, al océano
y a los Alpes aquí, que en larga arcada
se miran en las islas lagunosas.
 
¡Mirad a dónde vino un pueblo fuerte
que construyó palacios y su templo
con armazón de roble entre las olas!

 
August von Platen (Alemania, 1796-1835)

jueves, 16 de julio de 2015

Venecia: CERCA DE DONDE REINA LA VENECIA DE ORO..., de Aleksandr Pushkin


Cerca de donde reina la Venecia de oro,
Un gondolero nocturno dirige su barca hacia adelante
A la luz de la estrella vesperal, navega sobre el mar en calma,
Y allí Erminia, Renaldo, Godofredo canta.
Ama sus canciones y las canta por gusto
Sin planes sobre lo que vendrá; no conoce ninguna gloria
Ni tampoco miedo o esperanza; con su quieta Musa
Puede lenificar su travesía sobre las profundas aguas.
Como en el mar de la vida, donde las tempestades son severas
Persiguiendo en la oscuridad mi vela, solitaria, -
Como él, sin respuesta, también yo canto mi propia canción,
Y el amor contempla mi poema secreto durante largo rato.
 
 
Aleksandr Pushkin (Rusia, 1799-1837)
 
(Traducido al español por Sergio Paratov)

miércoles, 15 de julio de 2015

Venecia: LA VENECIANA (La Venexiana), obra teatral anónima


(Fragmento de la Escena I del primer acto)
 
Diálogo entre Giulio (joven dandy extranjero, todavía imberbe) y Oria (sirviente de Valeria).
 
Giulio: Por favor, se lo suplico, deténgase un momento de manera que pueda decirle algunas palabras. Y disculpe si sueno presuntuoso, pero su gentileza me da la confianza de dirigirme a usted.
 
Oria: A sus órdenes, señor.
 
Giulio: Soy un caballero extranjero, he venido a ver la nobleza de un lugar tan distinguido y singular como lo es Venecia. Pero, más allá de todo lo placentero que he encontrado en esta ciudad, nada lo es más que sus distinguidas y hermosas mujeres, y entre todas ellas ninguna lo es más que su joven ama –se ha robado mi corazón y me ha vuelto un esclavo eterno de su belleza y de sus gentiles maneras. Por favor, dígale que soy suyo, y  le ruego me recomiende con ella.
 
Oria: Perdóneme señor, tenga paciencia. No quisiera ser la embajadora de su amor.
 
Giulio: Por favor, ¡se lo suplico!
 
Oria: Váyase, ahora, usted parece decidido a burlarse de mí.
 
 
Obra teatral anónima del siglo XVI
(Según Giorgio Padoan, debió ser escrita y representada por primera ocasión en el carnaval de 1535).
 
(Traducido al español por Jules Etienne)

Venecia: LOS DOS GEMELOS VENECIANOS, de Carlo Goldoni


(Monólogo de la escena sexta del tercer acto)

Tonino: Así es de que eso es lo que significa la amistad en esta época. Florindo vino a Venecia; lo traté como a mi propio hermano. Confíe en él, puse a una mujer que tanto me importa a su cuidado. ¡Y él me traiciona! No sé con que estómago puede un amigo engañar a otro amigo. Si yo fuera capaz de semejante iniquidad, estaría temeroso de que la tierra se abriera y me tragara. La amistad es la cosa más sagrada del mundo. Es una medicina de la naturaleza para sanar al mundo; sin ella seríamos destruidos, aniquilados. El amor por una mujer puede comenzar como mera pasión de los sentidos. El amor por el dinero y los objetos materiales es una prueba de nuestra naturaleza corrupta. Pero el amor de los amigos está basado en la verdadera virtud, y por eso el mundo la menosprecia. Pílades y Orestes ya no sirven como ejemplo para la amistad moderna; el fiel Achates es un nombre ridículo de la antigüedad. Se adora al ídolo de los intereses; en lugar de una verdadera amistad se forma un ejército de lambiscones que le sigue con la esperanza de obtener algún beneficio a cambio. Y si su suerte se torna adversa, esos mal llamados amigos lo abandonan, lo ridiculizan y retribuyen con ingratitud los obsequios recibidos. Como lo dijo muy bien el maestro Ovidio: "En tiempo de felicidad, abundante es la amistad. Si la fortuna perece, ningún amigo permanece".*
 
(Principio de la escena séptima)

Lelio (entra hablando para sí mismo): Aquí está mi afortunado rival. Vamos a ver si unas cuantas palabras amables pueden vencer la amargura de su negativa.
 
Tonino (a un lado): ¡Basta! Ya me la pagará.
 
Lelio: Me inclino ante el altísimo mérito envidiable del héroe de Venecia, esa joya en el Adriático.


Carlo Goldoni (Italiano nacido en Venecia y fallecido en París, 1707-1793)
 
(Traducido del italiano por Jules Etienne)
 
* De Ovidio en La metamorfosis:Tempore felici, multi numerantur amici: Si fortuna perit, nullus amicus erit.

martes, 14 de julio de 2015

Venecia: CÁNDIDO, O EL OPTIMISMO, de Voltaire

"Todos los días enviaba a alguien a esperarlo en los barcos y barcas que atracaban..."

(Fragmento inicial del capítulo XXIV: Paquita y fray Alhelí

Nada más al llegar a Venecia, mandó que buscaran a Cacambo por todas las fondas, por todos los cafés, por todos los prostíbulos, pero no lo encontró. Todos los días enviaba a alguien a esperarlo en los barcos y barcas que atracaban: Cacambo seguía sin dar noticias.
 
- ¡No es posible! -le decía a Martín-, ¡yo he tenido tiempo de pasar de Surinam a Burdeos, de ir de Burdeos a París, de París a Dieppe, de Dieppe a Portsmouth; he rodeado Portugal y España, he cruzado todo el Mediterráneo, he pasado varios meses en Venecia, y la bella Cunegunda no ha llegado aún! ¡En vez de ella he encontrado a una tunante y a un abate del Perigord! No cabe duda que Cunegunda ha muerto, y a mí tan sólo me resta morir. ¡Qué pena! Habría sido mejor haberme quedado en aquel paraíso de Eldorado que haber vuelto a esta maldita Europa. ¡Qué razón tenías, mi querido Martín! Todo es un engaño y no hay más que desgracias.
 
Una profunda depresión se apoderó de él y ya no pudo participar en la ópera alla moda ni en ninguna otra diversión de los carnavales, ni dama alguna le suscitó la más mínima tentación. Martín le dijo:
 
-Realmente eres muy ingenuo al creer que un criado mestizo con cinco o seis millones en los bolsillos va a ir en busca de vuestra amada hasta el fin del mundo y la va a traer a Venecia. Si la encuentra, se la quedará él; y si no la encuentra, buscará otra: mi aconsejo es que olvides a vuestro criado Cacambo y a vuestra querida Cunegunda.
 
Lo que decía Martín no era muy reconfortante, por lo que la melancolía de Cándido se agravó, mientras Martín no cesaba de demostrarle que había muy poca virtud y felicidad en el mundo; salvo quizás en Eldorado, país al que nadie podía llegar.
 
 
Voltaire: François-Marie Arouet (Francia, 1694-1778).

lunes, 13 de julio de 2015

Venecia: EL LICENCIADO VIDRIERA, de Miguel de Cervantes

"... de su famoso Arsenal, que es el lugar donde se fabrican las galeras..."

(Fragmento)

Desde allí, embarcándose en Ancona, fue a Venecia, ciudad que, a no haber nacido Colón en el mundo, no tuviera en él semejante: merced al cielo y al gran Hernando Cortés, que conquistó la gran Méjico, para que la gran Venecia tuviese en alguna manera quien se le opusiese. Estas dos famosas ciudades se parecen en las calles, que son todas de agua: la de Europa, admiración del mundo antiguo; la de América, espanto del mundo nuevo. Parecióle que su riqueza era infinita, su gobierno prudente, su sitio inexpugnable, su abundancia mucha, sus contornos alegres, y, finalmente, toda ella en sí y en sus partes digna de la fama que de su valor por todas las partes del orbe se estiende, dando causa de acreditar más esta verdad la máquina de su famoso Arsenal, que es el lugar donde se fabrican las galeras, con otros bajeles que no tienen número.
 
 
  Miguel de Cervantes (España, 1547-1616)

La ilustración corresponde a la Vista del Arsenal de Venecia, de Giuseppe Bernardino Bison.

domingo, 12 de julio de 2015

Venecia: EL PIADOSO VENECIANO, de Lope de Vega

 
(Fragmento del acto tercero, escena primera)
 
Méjico y Venecia son
Dos ciudades celebradas,
Porque, sobre el mar fundadas
Con notable perfecion (sic),
Son ciudades y son naves;
Pero en tierra nadie quite
Lauro a Sevilla.
 
 
Félix Lope de Vega y Carpio (España, 1562-1635)
 
La ilustración corresponde a Xochimilco en la ciudad de México.

sábado, 11 de julio de 2015

Venecia: CONFESIONES, de Jean Jacques Rousseau

"Allí, solo, encerrado en mi palco, me entregaba, al placer de gozarlo a mi gusto hasta el fin."

(Fragmento)
 
No dejemos a Venecia sin decir algo de las célebres diversiones de esta ciudad o a lo menos de la pequeña parte que en ellas tomé durante mi permanencia. En el transcurso de mi juventud ya se ha visto cuán poco he gustado los placeres de esta edad o a lo menos los tenidos por tales. En Venecia no cambié de gustos; pero mis ocupaciones, que por otra parte me los hubieran impedido, hicieron más picarescos los sencillos recreos que me permitía. El primero y más grato era la compañía de las personas de mérito, los señores Le Blond, Saint-Cyr, Carrió, Altuna, y un noble de Forli, cuyo nombre siento mucho haber olvidado, y cuyo amable recuerdo nunca deja de conmoverme; de cuantos hombres he conocido en mi vida era el que poseía un corazón más semejante al mío. Éramos también amigos de dos o tres ingleses muy despejados e instruidos, apasionados por la música como nosotros. Todos estos señores tenían mujer, amiga o querida; estas últimas, casi todas eran jóvenes de ingenio, en cuyas casas se daban conciertos o bailes. También se jugaba, aunque muy poco; nos hacían insípido este entretenimiento los placeres vivos, las diversiones y los espectáculos. El juego no es más que un recurso de las personas que se fastidian. Yo había traído de París la preocupación que allí domina contra la música italiana, mas también había recibido de la Naturaleza la sensibilidad contra la cual nada pueden las preocupaciones. Pronto me inspiró la pasión que alienta a los que han nacido para comprenderla. Al escuchar las barcarolas, conocí que nunca había oído cantar hasta entonces, y de tal modo me aficioné a la ópera que, fastidiado de charlar, comer y jugar en los palcos, cuando no hubiera querido hacer otra cosa que escuchar, me apartaba a menudo de la compañía para ir a otro lado. Allí, solo, encerrado en mi palco, me entregaba, a pesar de la duración del espectáculo, al placer de gozarlo a mi gusto hasta el fin.
 
 
Jean Jacques Rousseau (Escritor suizo en lengua francesa, 1712-1778)
 
La ilustración corresponde al Teatro La Fenice, donde se presenta la ópera, en Venecia.

viernes, 10 de julio de 2015

Venecia: LA CORTESANA, de Pietro Aretino

 
(Fragmento del tercer acto, escena VII)

Flaminio: Tal vez me vaya a Venecia, donde he estado ya, y enriqueceré mi pobreza con su libertad, porque al menos allí no está en las manos del primer favorito o favorita el matar a cualquier pobrete; únicamente en Venecia tiene la justicia su balanza en equilibrio; allí el solo temor a la caída de otro, no te induce a adorar a quien el día anterior reñías por un miserable; y el que de su mérito dude, mire de qué manera Dios la exalta. Verdaderamente, Venecia es la ciudad santa, el paraíso terrenal. La dulce comodidad de aquellas góndolas es deleitoso recreo para los ratos de ocio. No se hable allí de cabalgar. ¿Para qué? Cabalgar, es azote de calzas, desesperación de criados y quebradero de cuerpos.
 
Valerio: Dices bien, y además la vida está allí más asegurada y en potencia de ser más larga que en ninguna otra parte; pero hallo que los días se hacen pesados e interminables.
 
Flaminio: ¿Por qué?
 
Valerio: Por faltar la conversación de virtuosos.
 
Flaminio: Estás mal enterado. Los virtuosos y la gentileza de espíritu residen sin duda en Venecia, como la villanía y la envidia en Roma.
 
 
Pietro Aretino (Italia, 1492-1556)
 
(Traducido de la lengua toscana por Fernán Xvarez en 1607)

jueves, 9 de julio de 2015

Venecia: EN ESTO CREO, de Carlos Fuentes


(Fragmento del capítulo Urbes, Ubres)

Paul Morand, con quien compartí varias veces la piscina del Automobile Club de France en la Place de la Concorde, me decía que en su testamento había dejado dispuesto que su piel fuese utilizada como maleta a fin de seguir viajando eternamente. Venecia –o las Venecias, en plural- era una de las ciudades preferidas de este autonombrado “viudo de Europa”. Venecia, más que una ciudad, era para Morand la confidente de su alma silenciosa, el retrato de un hombre en mil Venecias diferentes. Yo, que viví medio año frente a la Chiesa de San Bastian decorada por Veronese en esa mitad de las Venecias que es el Dorsoduro, siento a la Venecia como una ciudad que requiere ausencias para conservar su gloria, que es la del asombro. Tenemos los humanos una capacidad constante para convertir la maravilla en la rutina. Cuando me di cuenta de que atravesaba San Marco sin mirar nada más que la punta de mis zapatos, me fui de la costumbre para recuperar el asombro y recordar y describir a Venecia como la ciudad donde ninguna huella de pisadas queda sobre la piedra o el agua. En ese lugar de espejismos, no hay cabida para otro fantasma que el tiempo, y sus huellas son insensibles. La laguna desaparecería sin piedra que reflejar y la piedra sin aguas donde reflejarse. Poco pueden, he pensado, los cuerpos pasajeros de los hombres contra este encantamiento. Poco importa que seamos sólidos o espectrales. Igual da. Venecia toda es un fantasma. No expide visas de entrada a favor de otros fantasmas. Nadie los reconocería por tales aquí. Y así, dejarían de serlo. Ningún fantasma se expone a tanto.


Praga y Cambridge, además de Venecia, son para mí las ciudades más bellas de Europa.
 
 
Carlos Fuentes (México, 1928-2012)

miércoles, 8 de julio de 2015

8 de julio de 1975: Una anécdota veneciana de Jorge Luis Borges

"... se inauguró en su honor un laberinto que lleva su nombre en la isla San Giorgio Maggiore."
 
Cuando Borges era apenas un adolescente, su familia se trasladó a Europa para radicar en Suiza. Fue la primera ocasión en que visitó el norte de Italia: Venecia y Verona, durante la época en la que estallaba la primera guerra mundial. María Esther Vázquez es autora de una biografía suya titulada Esplendor y derrota, en la que relata:
 
«En Venecia su madre, Leonor, se compró un vaso de cristal tallado de color rojizo, perteneciente a la cristalería que en Murano se elaboraba para los reyes de Italia. Como el vaso tenía un pequeño defecto fue desechado del servicio del rey y puesto a la venta para aquellos a quienes esa pequeña falla no les haría perder el sueño y para no darle pérdida a los fabricantes. A lo largo de toda su vida Leonor conservó el vaso, la mayoría de las veces con flores frescas. Cuando el 8 de julio de 1975, a los noventa y nueve años murió, el vaso quedó en su mesa de noche pero no por mucho tiempo; unas semanas después, espontáneamente, se partió en dos, solidario con el destino de su dueña.»

Cuenta su viuda, María Kodama, que a Borges le fascinaba Venecia, al grado de que había pensado establecerse a radicar en esa ciudad. El 14 de junio de 2011, cuando se cumplieron 25 años de su muerte, se inauguró en su honor un laberinto que lleva su nombre en la isla San Giorgio Maggiore que requiere caminar más de un kilómetro para salir de él, inspirado en su relato El jardín de los senderos que se bifurcan.

 
Jules Etienne