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Vancouver, primavera en el puente Burrard, el más antiguo de la ciudad.

lunes, 18 de abril de 2016

Carnaval: EL ESCULTOR DE MÁSCARAS, de Fernand Crommelynck


(Principio del tercer acto)

La tienda. La habitación está a oscuras. Todas las ventanas están abiertas.

Pascal está solo en la tienda. Afuera, los cantos se escuchan cada vez más cerca. Es época de carnaval, con su irrestricto e incansable júbilo.

Una canción:
Zapatos blancos de madera, clack,
clack, zapatos blancos de madera.
Bonitos zapatos blancos de madera
sobre el pavimento de piedra.

(Se escuchan zapatos de madera siguiendo al ritmo de la canción).

Voces: ¡A la taberna del Caballo Marino! ¡Vamos! ¡A la taberna del Caballo Marino! (Se escuchan campanas y tambores).

La canción (a la distancia): Tra-la-la-la baila y larga vida al zapatero. Zapatero del muelle, ¡haz tu trabajo!

(Pascal mira hacia afuera. Silencio. Magdalena baja de las habitaciones superiores. No la escucha. Camina hacia él y le llama con dulzura).

Magdalena: ¡Pascal!

Pascal (se vuelve de manera abrupta, aterrado): ¿Qué?... ¿Qué sucede? ¿Qué pasa? (suspira). ¡Ah! Eres tú...

Magdalena (triste): ¿De qué tienes miedo? (Él no responde. Silencio).
 
Pascal (obsesivo): Los árboles en el jardín del convento florecen; el cuarto se llena con el olor de las hojas frescas... La gente va a bailar toda la noche. (Ríe nervioso) Bailarán, sí... o también pasearan por el campo... las muchachas y los jóvenes... se irán perdiendo de dos en dos, entre las ramas... ¡Ah! ¡Ah! ¡Sí!... y sus risas se escucharán en la oscuridad, bajo el cielo. (Se queja) Y yo siento dolor.

Magdalena (con tristeza): Vamos a cerrar la casa.

 
Fernand Crommelynck (Dramaturgo belga nacido y muerto en Francia, 1886-1970).
 
La ilustración corresponde a Annemarie Seidel y Fritz Korner en la puesta en escena de El escultor de máscaras, estrenada en Berlín el 12 de mayo de 1920.

sábado, 16 de abril de 2016

Carnaval: PERVERZION, de Yuri Andrujovich

"El Carnaval se ha vuelto cada vez más y más grande..."

(Fragmento del capítulo 2)

Nosotros en Venecia estamos inclinados a pensar que la pérdida del Carnaval ya ha ocurrido. Lo podemos ver. Casi nadie se da cuenta de esto -para que el Carnaval exista, debe repetirse año tras año, muchas veces, por varias razones, con fuego y máscaras, con vino y danzas. El Carnaval existe, cualquiera podrá decirlo entre quienes todavía (o que ya) no lo ven y que son incontables. El Carnaval se ha vuelto cada vez más y más grande, está donde quiera y es ininterrumpido, aquellos con mala fe lo dirán. 
 
Pero, ¿es realmente de esa manera? ¿O sólo es una medida de aquello tragado y devorado? ¿Con increíbles enjambres de turistas, japoneses, servicios hoteleros, diversiones, o con la devolución del dinero y las pérdidas por pirotecnias? ¿Y si esto es sólo pura mecánica, maquinaria, fría industria, consumo masivo, conducta parasitaria permanente? ¿Qué tal si sólo es una trampa?
 
Parece que junto con el Carnaval nos perdemos nosotros mismos. ¿Somos todavía capaces de amar, reír, o llorar? ¿Estamos lo suficientemente vivos para vivir? ¿O para hacer algo más? Esta es una pregunta que vale la pena...
 
 
Yuri Andrujovich (Ucrania, 1960)

martes, 12 de abril de 2016

Carnaval: LA NÁUSEA, de Jean Paul Sartre

"... en Bouville esto no significa gran cosa; apenas hay en toda la ciudad unas cien personas para disfrazarse."

(Fragmento)
 
Martes de carnaval

Maurice Barrès, recibió una buena tunda. Éramos tres soldados y uno de nosotros tenía un agujero en medio de la cara. Maurice Barrès se acercó y nos dijo: “¡Está bien!” y entregó a cada uno un ramillete de violetas. “No sé dónde meterlo”, dijo el soldado de la cabeza agujereada. Entonces Maurice Barrès dijo. “Debe ponérselo en medio del agujero que tiene usted en la cabeza”. El soldado respondió: “Voy a metértelo en el culo”. Y pescamos a Maurice Barrès y le quitamos los pantalones. Debajo del calzoncillo llevaba una vestidura roja de cardenal. Levantamos la vestidura y Maurice Barrès se puso a gritar: “Atención, tengo pantalones con trabillas”. Pero lo azotamos hasta hacerle sangre y en el trasero le dibujamos, con los pétalos de las violetas, la cabeza de Déroulède.
 
Recuerdo mis sueños con gran frecuencia después de un tiempo. Además, he de moverme mucho tiempo mientras duermo porque a la mañana encuentro toda la ropa en el suelo. Hoy es martes de carnaval, pero en Bouville esto no significa gran cosa; apenas hay en toda la ciudad unas cien personas para disfrazarse.
 
 
Jean Paul Sartre (Francia, 1905-1980). Obtuvo el premio Nobel en 1964.

miércoles, 6 de abril de 2016

Carnaval: LA BROMA, de Milan Kundera

"... canciones que se cantaban en carnaval..."

(Fragmento del capítulo 6)

La canción popular nacía como una estalactita. Gota a gota se revestía de nuevos motivos y nuevas variantes. Iba pasando de generación en generación y cada uno de los que la cantaban le añadía algo nuevo. Cada canción tenía muchos creadores y todos ellos desaparecían humildemente detrás de su obra. Ninguna canción popular existía así porque sí. Tenía su función. Había canciones que se cantaban en las bodas, canciones que se cantaban al terminar la siega, canciones que se cantaban en carnaval, canciones para las Navidades, para la recogida del heno, para bailar y para los entierros. Tampoco las canciones amorosas existían al margen de ciertas ceremonias habituales. Los paseos vespertinos por la aldea, el canto bajo las ventanas de las muchachas, el noviazgo, todo eso tenía un rito colectivo y en ese rito las canciones tenían su sitio establecido.


    Milan Kundera (Escritor de origen checo nacionalizado francés; 1929).
 
La ilustración corresponde al carnaval de Praga.